El día que la Santa Gay nos cortó el polvo

La Marcha del Orgullo LGBTIQ avanzó bajo la lluvia y le importó nada. Crónica desde adentro de la movilización más antisistema del mundo.

Por Carlos Di Lorenzo* - Especial para La Hilacha

Cuando era pibe y pajuerano y aterrado por aterrorizado, tapado, prejuzgado y apretado en ese traje pueblerino que te estrecha hasta la identidad, no imaginaba, claro, andar salticando como loca entre monjas peludas con enormes tetas abrillantadas, osos con el culo embutido en felicidades de cuero y tachas, y pibas con el look de Grace Jones en Conan, escupiendo fuego alrededor de mis meneos. Oh, sí... estereotipos. Qué juicioso el puto cronisto, quemadme ahora o dejadme seguir vomitando.

Entonces, la felicidad, la alegría de estar ahí, incluso bajo la lluvia y la tormenta eléctrica que iluminaba con relámpagos furiosos una nueva Marcha del Orgullo LGBTIQ (lésbica gay bisexual trans intersexual queer), el profundo placer de ser y ser acompañado y todes tan sonrientes y colorides y bailarines, era todo lo que había y lo era todo y ya.

Si bien el pronóstico pintaba turbio, ya alcanzando los primeros camiones y sus punchis y sus cumbias, te convidaba al bienestar, a esa fiesta de orgullo e identidades relamidas de tanto quererse, de tanto sentirse libres y resplandecientes de esa libertad.

Entonces, estaba el cielo gris y apelmazado, estaban los relámpagos y, bajo ello, las guirnaldas de banderas multicolores y banderines del GCBA cruzaban la Avenida de Mayo de lado a lado, pero lo bueno estaba abajo, el verdadero color y los relámpagos, la tormenta de mostras encantades de tomar la calle sucedía donde siempre, entre la Plaza de Mayo y el Congreso de la Nación.

Hasta ahí, nada nuevo bajo la lluvia. Incluso esperaba una polémica, diferencias más manifiestas, ya que las redes habían anticipado algunas disidencias con las subconsignas de Milagro Sala y María Legal. Además, claramente, esperaba un poco más de fuego en la marcha que antaño nomás bardeaba al Gato Mayor. No te digo que no lo chiflamos, peeero... apenas si asistí a una guerra de canciones entre La Cámpora Diversia y el PTS: “Aborto Legal vs. Sociedad Rural”. ¡He visto más polémica en los créditos de Family Guy! Lo que más recuerdo fue una pancarta que decía: “A la marica le queda mal la xenofobia”. Fuera de ello, rien de rien. Pero no me voy a quejar por falta de polémica, ¿no? Si para contradicciones, las propias...

Entonces, ya en la Plaza del Congreso, comencé a prepararme para el gran finale. Obviamente, en una plaza llena de amor, el amor ronda a cada paso, y ningún lubricante te prepara mejor para el final que un buen par de besos. Beso va, beso viene, un fernecito más para esperar a Bandana, acá estamos con las mostras, meta selfie y punchi. ¿Y las Bandanas? Seguimos con las mostras, meta ferné y una cumbita, y mi amiga la famosa a la que le piden fotos (“¿Vos sos Nina?”), no podemos más de la risa y el amor de estar todes juntes y a la fresca, rodeades de arcoiris en el año de la fiebre, nada menor... ¿Y las Bandanas?

Así, sin más, como en una película de Haneke, la historia se quedó trunca. Las luces se apagaron, les pibes se dispersaron y el ferné se calentó. Y las Bandanas, damos y caballeras, las Bandanas no tocaron. Altas fuentes de la mostrada me informan por la cucaracha que se habrían arrojado objetos contundentes hacia el escenario y al no poder garantizar la seguridad de la banda, nos quedamos sin show.

¿Y cuál es? ¿No venimos a luchar por nuestros derechos, contra el heteropatriacado, por el cupo laboral trans y la Ley Antidiscriminación? ¿O vos venís a chaparte a la gilada y a escuchar “Soy lo que soy” y te vas a tu casa como si nada? Sí, oigo voces. Pero tranquiles, como el Día del Amigo y la lucha contra la violencia de género, la militancia LGBTIQ es todos los días, a cada rato, y las gays lo sabemos perfectamente, porque hasta el puto más homofóbico, la torta más facha y la trava más misógina se pelean con la fobia y los juicios ajenos todo el tiempo. Y a todos nos matan, todo el tiempo y a cada rato. Entonces, por un día, dejame un rato ser naïf y sigamos sumando siglas y chapémonos en tetas en las calles bajo la lluvia de gibré para que todos sepan que vivas nos queremos y que somos muches y que somos fuertes y que somos amigues. Amémosnos para que no nos maten. Si nos fajamos entre nosotres, la derecha se relame.

Ya no llueve, pero trunca la fiesta se acabó la rabia. Aún queda un poco de orgullo acechando las pizzerías y las parrillas de la zona. Yo perdí el sombrero y me olvidé el paraguas, pero conocí un cantante de blues y me enamoré. Eso no se puede negar. Es muy difícil no irse enamorado de la marcha del amor. La Santa Gay será de todo: comunista, peroncha, abortista, feminista, trunca y sin Bandana… pero nunca una estrella de porno.

* Guionista.

Foto: Colectivo fotográfico M.A.F.I.A

Deja un comentario