Historias de sobrevivientes

Pasaje de vida narra, con una gran recreación de época y un elenco estelar, la historia de dos militantes de los setenta que vivieron para contarla.

Por Carolina Violette

Esta ficción oscila entre dos mundos: el de un pasado que reconstruye el amor entre dos militantes montoneros en la Argentina de la década del setenta y un presente que encuentra a aquel militante –el padre– y su hijo conviviendo en España.

Lo novedoso de Pasaje de vida –que estrena el 15 de septiembre en la plataforma digital Netflix– radica en que, pese a ser una película sobre los setenta, no cuenta solo historias de desaparecidos. Diego Corsini, su director –y co-guionista junto a Fran Araujo–, pone el foco en los sobrevivientes.

Pasaje de vida habla de los que sobrevivieron, ¿por qué contás esa historia?

Es la historia de mis viejos, en gran parte, y mis viejos sobrevivieron, entonces es una temática que a mí siempre me tocó muy de cerca. Había dos cosas que me jodían, que al final termina siendo lo que me permite hacer esta peli sin repetir a nadie. Una es que ninguno se había animado a poner al militante mismo como protagonista. Y después, el tema de los que sobrevivieron, porque yo creo que se hizo un avance muy fuerte en todo lo que tiene que ver con la memoria, con homenajear y no olvidarse de los caídos desaparecidos, pero siento que hay todavía una deuda con los que pasaron por la misma situación y lograron sobrevivir.

“¿Pero vos qué pensás que es un montonero, que son todos tipos feos? O sea, ¡son pibes como nosotros, solo que estaban haciendo activismo político!”
Diego Corsini, director de Pasaje de vida

Lo curioso es que tu película pone el foco en la vida cotidiana del militante...

Mis padres me contaban cómo era la militancia y me fui dando cuenta de que era la misma cotidianeidad de cualquiera de nosotros. Esa es la gran diferencia con esa generación, había un interés político mucho más fuerte, al punto tal de que estaban dispuestos a dar la vida por hacer una revolución. Todo eso te atravesaba y te afectaba los vínculos de pareja, las amistades, las salidas.

¿Te parece que la película ayuda a comprenderlos?

Yo tengo como cierta idealización con esa generación. Creo que hay algo de la pasión que tenían por lo que hacían que, como yo transcurrí mi adolescencia en los noventa donde todo era mucho más apático y apolítico, me produce un enamoramiento. Pero, como cuando estás enamorado, hay una etapa en que el otro es perfecto y después, cuando llega el amor, empezás a querer al otro con sus defectos y sus virtudes. Con esa generación yo tengo un vínculo parecido: los amo pero sé que eran imperfectos. No dejo de admirarlos pero no dejo de entender que eran pibes como nosotros. Tengo varios compañeros cineastas que son hijos de desaparecidos y han hecho películas sobre esta temática. El vínculo, o el no vínculo, con un padre desaparecido en general está teñido de resentimiento. Hay como una cosa de “elegiste la militancia por sobre la paternidad”. Por eso yo quise dedicarles el personaje de Javier Godino (Mario) a estos chicos.

Con un elenco sólido –que incluye a Miguel Ángel Solá, Chino Darín, Mario Pasik, Charo López, Alejandro Awada y Manuel Callau, entre otros–, actuaciones contundentes y un guión jugado, esta coproducción argentino-española interpela y conmueve sin caer en golpes bajos.

Además, Pasaje de vida cuenta como acierto el haber logrado una gran recreación de época que no radica solamente en el vestuario y la ambientación, sino en los tics. “Lo del relojeo es algo con lo que yo fui criado. Lo de contar hasta diez era un juego con mi viejo. Lo de entrar a un bar y sentarte lo más atrás posible mirando hacia la puerta para que no te sorprendan, también. Son todas cosas con las que yo crecí normalmente y que con el tiempo me fui dando cuenta de que no era normal”, explica Corsini.


Pasaje de VidaPasaje de vida se puede adquirir en las librerías Yenny y El Ateneo y, desde el 15 de septiembre, estará disponible en Netflix.

Los personajes están muy logrados. Si me tengo que imaginar un dirigente montonero, me lo imagino como Pacho...

Eso era una discusión también, porque yo me acuerdo cuando seleccioné los archivos de [Marco Antonio] Caponi, los productores españoles lo que nos decían es: “son muy lindos”. Y yo les decía: “¿Pero vos qué pensás que es un montonero, que son todos tipos feos? O sea, ¡son pibes como nosotros, solo que estaban haciendo activismo político!”.

Por otro lado, la película también abunda en detalles sobre “la rosca” militante, como la discusión entre la dirigencia y las bases sobre las decisiones que sellaron la historia para siempre. “Algo que yo hablaba mucho con los compañeros de mis viejos –cuenta Corsini– es que el primer error de la militancia fue el pase a la clandestinidad. Más allá de la lucha armada si sí o no, fue el pase a la clandestinidad lo que dio lugar a que toda la militancia legal, política, se asociara con la agrupación clandestina. Entonces quedaban todos culo pa´arriba, por decirlo de alguna forma, por eso cayeron tantos. Sabían que si eran JP, eran Montoneros; que si eran PC o Juventud Comunista, eran ERP. El pase a la clandestinidad hizo que el movimiento de masas desapareciera”, resume.

¿Cómo tomaron la película tus padres?

Para ellos fue muy fuerte. A mí me quedó muy grabado el momento en que mi viejo llega y lo ve a Caponi personificado como Pacho. Pacho es una persona real, era el verdadero responsable de mis viejos, y cayó. Cuando mi viejo lo vio, se quedó petrificado. Y se le acercó a él, ni siquiera a mí, y le dijo: “Loco, me reviviste un muerto”. Que el cine pueda generar una cosa así, te parte al medio. Ya está, ya valió la pena.

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