Lila, de Jeremías Lentini

El hombre y la máquina

Inscripto en la lógica de la experimentación, el proyecto Lila, de Jeremías Lentini, se construye en vivo y se completa en el espectador.

Por Leticia Serrano

Como un ilustrador que, frente a la inmensidad del blanco, va poniendo colores a su obra; como los castillos armados con Lego; como los primeros pasos de lo que luego será un gran baile. Así se van construyendo las canciones. Se graban secciones de doce segundos y luego se repiten. Sobre esa repetición se agregan más sonidos, bases y letras de manera progresiva y piramidal. Cada una de sus partes se suceden, se pisan, se mezclan, se combinan. Así es el proyecto Lila, de Jeremías Lentini.

Es raro escuchar los temas y luego ver su ejecución. No se ven instrumentos, al menos no los convencionales. No hay más que una persona y metros de cables enroscados como un nido, en cuyo centro se expresa un solo habitante. El hombre, la máquina y el efecto encantador que se apodera de su cuerpo y voluntad.

¿Cómo empezó Lila?

Lila empieza el año pasado después de pasar por muchos estados musicales. Yo venía laburando las canciones de forma acústica y tocando solo. Me hinché las pelotas de tocar así, más que nada porque me molestaba que la gente hablara. Entonces me di cuenta de que con las herramientas que tenía en mi casa podía hacer algo que me garpara a mí, que me metiera más a mí en el mambo. Y milagrosamente eso hizo que también la gente preste más atención y no desmerezca lo que uno está haciendo en ese lugar.

Desde hace tiempo sos parte de una banda (Simón Fuga) donde tocás la guitarra. ¿Por qué decidiste cambiar y armar algo tan minimalista?

La realidad es que una banda es una cosa, pero subirte solo a un escenario es otra. Cuesta muchísimo porque uno está absoluta y totalmente a la intemperie e interpelado por lo que uno está diciendo.

Lila es una forma de experimentar distinta a la que estaba acostumbrado, primero por la multiinstrumentación. Segundo, por la cuestión esta que tiene que ver con la grabación en tiempo real de una canción. Eso le da dinámica y te pone en el apriete de que rítmicamente todo encaje porque si no la música no tiene rítmica, no tiene groove.

En principio me pareció interesante para experimentarlo yo. Una vez que vi que las cosas estaban dadas como para mostrarlo, me pareció mejor salir a hacerlo en vez de hacer discos solamente, porque quizás lo escuchás y te imaginás otra cosa. El fuerte de Lila está justamente en eso: en mostrarlo.

¿Cómo es el proceso de construcción de esos temas? ¿Hay lugar para la improvisación o es demasiado arriesgado?

Los temas tienen varias etapas, de alguna manera hay poco lugar para la improvisación en lo que son las canciones en sí. Hay una lista que es lo que se toca, está todo más o menos pensado. Sí me permito improvisar al principio del show y al final. Trato de armar líneas que no ensayé, tanto melódicas como rítmicas. Y también ver qué pasa en ese momento porque cada show es una situación especial y particular. De acuerdo a mi estado de ánimo y al de la gente, en general me tira para hacer algo o no. Pero el 90% del show tiene un ordenamiento lógico. No me puedo correr mucho de los patrones rítmicos, pero sí me doy ese lugar para la improvisación. Yo tengo pocas herramientas y bastante económicas, por eso es más difícil.

Imagino que con todo esto no podemos esperar un show convencional…

En el show medio que todo va a depender del estado de ánimo de todos. Me gusta meterme en una especie de mantra, de mambo interno para realmente vivenciar lo que está pasando en ese momento, lo que estoy comunicando, lo que estoy tocando. No siempre es bueno, no siempre es feliz, no siempre es interesante, inclusive. Pero no importa: lo primero que hay que hacer, al menos para mí, es vivenciar lo que uno interpreta. Si vos podés vivir eso, el contagio es inminente. Nunca me pasó que me ignoren, generalmente el que me ignora es porque no está ahí para ver un intérprete, el que ignora está por otro motivo. El que va a escuchar un tipo o ver una banda, a ese siempre se llega de alguna manera.

¿Y por qué Lila?

El significado de Lila en realidad me gustó por la ambigüedad, porque puede ser un color, que en realidad es el Purple Prince. O puede ser también la palabra en sánscrito que, haciendo un resumen, tiene que ver con la experimentación y la búsqueda a través del autoconocimiento y la música.

Para escuchar Lîla ¥¥

Lila

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En la página web mencionás a Lila como un experimento…

Encontré en Lila un alter ego, una forma de contar cosas que me pasan sin darme cuenta de que me están pasando, y es algo que es conmigo y para siempre, y va mutando en sus formas. En principio era un formato más de canción, pero ahora tal vez tiene que ver más con lo experimental. Con respecto a esa mutación ahora, por ejemplo, además de momentos de canción estoy musicalizando en vivo cortometrajes experimentales.

¿Los cortos son tuyos?

Algunos sí y otros no. En realidad, lo que trato de hacer es armar de manera muy rudimentaria una colección de imágenes que para mí tienen un sentido que es lógico. Primero está la imagen, la música tiene que ver con lo que me transmiten esas imágenes, lo que colecte y lo que pase en ese momento y en ese lugar. El ribete de la improvisación es absolutamente experimental y hasta a veces demasiado borderline, pero me parece que está bueno proponer algo así. Me gusta mucho saber que, si vas a ver a alguien, el chabón no te va a hablar de la novia que lo dejó, te dice algo que quizás para vos sea solo ruido y decís “este chabón es un pelotudo que está haciendo ruido”. Yo toco para esa gente que me dice que soy un pelotudo haciendo ruido.

¿Dónde te podemos ver?

Lila tiene una dinámica distinta a la de los grupos, trato de buscar el lugar y el momento indicado para mostrar esto porque me parece que está bueno hacerlo en un contexto interesante. Soy mucho más selectivo desde que estoy armando esto que cuando salía a tocar de forma acústica, solo. Creo que hay que valorarse y respetarse, y respetar la calidad que uno le pone a las cosas, y el tiempo que llevan esas cosas.

Lila descansa en la importancia de quien lo escucha. Depende del espectador su construcción o destrucción, y pesa sobre él la responsabilidad del giro que tomará. Lentini, el realizador, se ocupa de responder a los estímulos del otro y de respetar el silencio como parte fundamental de los sonidos que se suceden. La obra que emerge es el reflejo del interior de quien ejecuta, que se entrega desnudo y auténtico a quienes tengan la intención de oír. Un show que entrega algo más que música.

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