El Brexit que nos tocó

Ante la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ¿cuáles son las implicancias para la economía nacional? Aquí, un análisis posible.

Por Pablo Kornblum*
Especial para La Hilacha

Los ciudadanos cosmopolitas de las grandes ciudades británicas, atados a la lógica de la globalización, concentran casi tres cuartas partes de la economía del Reino Unido. Aun así, no pudieron contra el escenario económico recesivo e inequitativo que vive la otra gran parte de la población, y perdieron la batalla.

Con un crecimiento magro y una inflación en alza, la potencia del intercambio con el resto de la Unión Europea (UE) no fue suficiente para el triunfo de la permanencia, y el Brexit –abreviatura de British Exit, “salida británica”– le ganó en un referéndum con más de 17 millones de votos. Porque, como ocurre con la mayoría de los cambios bruscos de la macroeconomía, la riqueza no se destruye –siempre que esté ligada a la economía real y no a la financiera–, sino que se redistribuye.

¿Qué es el Brexit?

Es el referéndum al que fueron convocados los ciudadanos británicos el pasado 23 de junio para votar sobre la permanencia o salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. El término asocia dos palabras: Britain (Gran Bretaña) y exit (salida). El Brexit se impuso sobre el Remain (permanencia) con el 52% de los votos.

¿Por qué se celebró el referéndum?

En el 2013 el actual primer ministro David Cameron prometió, en caso de ganar las elecciones, realizar este referendo. Esta estrategia tenía como objetivo contrarrestar el poder que venía acumulando el euroescepticismo del Partido Político de la Independencia de Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés), que en las elecciones británicas de 2013 obtuvo el 23% de los votos. Gracias a esta promesa electoral Cameron logró ganar las elecciones por mayoría absoluta.

¿Por qué Gran Bretaña quiere dejar la Unión Europea?

Gran parte del pueblo británico considera que la crisis económica de Europa y la gran crisis de refugiados de los países de Medio Oriente que se encuentran bajo conflictos bélicos, generó una corriente migratoria con fuertes gastos sociales que financia el dinero de los británicos. La migración en un contexto de crisis es el chivo expiatorio de cualquier malestar social y el primer ministro se valió de este descontento social para renegociar la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea.

Brexit fue apoyado por otra ala del Partido Conservador, cuyo líder fue el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, quien encabezó la campaña.

¿Cuáles fueron los ejes de discusión de la campaña?

Los ejes fueron dos: economía e inmigración. Los partidarios del Brexit pusieron acento en que la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea permitiría: restringir la migración, que es la culpable de los recortes de gasto público y, además, recuperar la libertad en el manejo de la economía para ejercer la libertad de comercio con los países emergentes.

Los partidarios por la permanencia hicieron hincapié en el desastre económico que implicaría la desvinculación para un país que el 44% de sus exportaciones se dirigen a la Unión Europea y el 53% de sus importaciones provienen de la eurozona.

Aunque todos los bancos centrales relevantes del planeta ya anunciaron que pondrán a disposición más de 500 mil millones de euros para sostener el equilibrio macroeconómico global, la debilidad de la libra esterlina arrastró a la golpeada moneda europea. Así, el euro tambalea mientras los otros grandes actores de la geopolítica están viendo sus monedas revaluadas en términos relativos. El flight to quality –es decir, el desplazamiento de los capitales especulativos de inversiones más riesgosas a otras más seguras– no se hizo esperar: en las primeras horas posreferéndum se revalorizaron el dólar y el yuan, junto con otros activos de refugio como el oro –que aumentó más del 5%.

Un escenario como este seguramente hará que Estados Unidos postergue su plan de subir gradualmente la tasa de interés de la Reserva Federal, ya que, si no, la economía estadounidense se encarecería demasiado en un momento donde su crecimiento interno y global ya es débil. Este contexto de tasas bajas podría favorecer a la economía argentina; por un lado, porque evitaría la salida de capitales en busca de mayores rendimientos seguros; y, por otro, porque también impediría incrementos de las tasas de deuda local.

Mientras la Argentina busca volver a los mercados internacionales de capitales, la revalorización del dólar movilizará el rendimiento de los bonos soberanos argentinos, que continuarán siendo atractivos para los fondos de inversión –hoy, su interés oscila en torno al 7% anual en dólares.

De todas formas, es importante complementar este escenario con una política monetaria activa: el peso argentino no deja de ser una moneda emergente y se devaluará en el corto plazo –devaluación positiva para los actores de la economía doméstica que sostienen que la inflación y el atraso cambiario están erosionando la competitividad–, para estabilizarse luego de las primeras semanas. Aunque la relación económica con el Reino Unido no es trascendente para la Argentina –comercio, inversiones, turismo–, y los impactos directos serán marginales en el mediano plazo, habrá que evaluar la reacción de los precios de las materias primas, clave en las exportaciones nacionales y en la generación de divisas. Porque es de esperar que el Brexit tenga consecuencias geoeconómicas sobre los grandes inversionistas que trabajan sobre los mercados a futuro, los cuales se encuentran estrechamente vinculados al campo y la agroindustria argentina.

En cuanto a las inversiones, la aversión al riesgo encarece el endeudamiento de los mercados emergentes, un endeudamiento que necesita tanto el gobierno nacional, como las provincias y las grandes empresas nacionales. Eso, sin contar el efecto que esta tendencia podrá tener en los potenciales inversores extranjeros en nuestro país.

En lo que refiere al comercio, el análisis de los prospectos económicos debe comenzar a tomar ambos actores –el Reino Unido y la UE– por separado.

Por un lado, si el Brexit profundiza el bajo crecimiento de la región europea, las exportaciones argentinas se verán claramente resentidas para un mercado que, como un todo, es relevante para nuestro país: junto con Brasil, China y Estados Unidos, la UE en conjunto representa el otro gran mercado de intercambio.

Por el otro, la separación del Reino Unido de la UE implica un proceso de dos años para desarmar un comercio integrado y sin aranceles. Eso genera una brecha temporal que brinda la oportunidad de evaluar y elaborar la mejor estrategia de política económica para con la UE, y para la nueva relación con el Reino Unido, no solo a través del Mercosur –que nunca ha podido arribar a un acuerdo económico con la UE–, sino también en términos bilaterales. En definitiva, en el largo plazo la Argentina dependerá de su posicionamiento ante el reacomodamiento de las variables geoeconómicas.

Finalmente, en lo que refiere a las Islas Malvinas –más allá de cómo prosperen los reclamos de soberanía– el escenario petrolero y el pesquero son los más relevantes. La ley argentina prohíbe a las empresas que operan en las Islas –la mayoría de capitales británicos– trabajar en nuestro país. En este marco, la Argentina podría aprovechar las rupturas y nuevas alianzas económicas y comerciales con los países de la UE, como el caso de España en relación con la pesca. O extrarregionales, como la profundización de relaciones mutualmente convenientes con otros estados de Asia o Sudamérica, un punto que también podría generar una mayor autonomía u otras alianzas para profundizar los proyectos de investigación y ocupación territorial con menor control británico.

* Director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI)

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