Comprale a un compañero

A través de una plataforma de ventas online, comprá un 40% más barato que en el súper ¡y hacé patria al mismo tiempo!

Por Gladys Stagno

Un compañero es, para el diccionario de la Real Academia, una persona que corre la misma suerte que uno. También es quien nos acompaña en algo, quien compone nuestro colectivo. En resumen y sobre todo, se trata de un par solidario. Esta idea esperanzadora rescata la red Comercio Compañero, una comunidad virtual y real que busca establecer lazos de solidaridad entre productores, comerciantes y consumidores, y beneficiar a los tres.

“Comercio Compañero es una red de intercambio de bienes y servicios con una cosmovisión orientada a un comercio justo, a la soberanía y también a la industria nacional. Como cualquier otro sitio tenemos una política de uso. No solo es un intercambio de mercancías, sino también de ideas políticas para el desarrollo de un país.” La explicación es de su ideólogo, Agustín Prado, un historiador de General Roca, Río Negro, que en diciembre último –alertado por un ajuste que se ya se adivinaba– reunió un equipo de colaboradores para desarrollar esta propuesta, llevarla a la práctica y, en tiempo récord, convertirla en lo que a estas alturas ya es una red que supera los 12 mil compradores, mil comercios y muchos emprendedores que ofrecen bienes o servicios en todo el país. La proyección es que, para fin de año, los comercios serán 5 mil y los usuarios, unos 100 mil.

Los requisitos para ser parte no son muchos pero sí categóricos. Prado o Dale Cooper, como lo conocen en las redes, apodo que recuerda al místico y algo excéntrico detective de la serie Twin Peaks, sostiene: “No dejamos a nadie afuera. Si el comerciante tiene un compromiso social y apuesta al desarrollo del país es bienvenido”. Para los miembros de la red, la importancia que tiene comprarle al compañero encierra en sí misma una visión política de la economía, una lógica de solidaridad y compromiso entre comerciantes y consumidores. “Sabiendo que se venía un paquete de ajuste, [Comercio Compañero] surgió como un contrapeso a las medidas neoliberales, a la apertura de las importaciones y el fin de la industria nacional. Pero nuestro desarrollo ha llegado a un punto donde debemos tener autonomía más allá del gobierno de turno –enfatiza Prado–. Queremos que la gente asuma que la industria nacional tiene un peso muy importante y que eso, en definitiva, es lo que hace crecer a un país. Depender de la renta agraria nos va a convertir siempre en un país dependiente mientras que una nación con un desarrollo industrial y con un mercado interno fuerte puede vivir tranquilamente a espaldas del neoliberalismo”. Y aclara que la mención al compañero “no refiere necesariamente a un compañero peronista, puede ser un correligionario o un camarada siempre que tenga un proyecto de país en común”.

Cómo funciona

Comercio Compañero apuesta a nuclear cooperativas, emprendedores, artesanos, profesionales, pymes y oferentes de servicios del campo popular en una plataforma que incentive a dar descuentos a los miembros y asegure además un caudal de consumidores. “Lo que buscamos es maximizar las ventas de los comerciantes y aumentar los clientes de los profesionales orientando nosotros la demanda. Como contraprestación, les pedimos a los comerciantes que bajen los precios. Así, por un lado, cuidamos los salarios de la gente y, por el otro, aumentamos la venta de esos comerciantes”, agrega Prado. Eso de “orientar la demanda” tiene una explicación sencilla: “significa que los miembros de la red le compren a los comerciantes que tenemos en disponibilidad”, dice el roquense.

Los comerciantes que quieren ser parte solo deben ingresar a la página de Red Comercio Compañero y completar el formulario de registro. Los consumidores, por su parte, pueden descargarse la aplicación –que está en una versión beta mientras se desarrolla una mejorada– o ingresar a la plataforma que permite buscar por rubro y por zona. Las categorías son, como en cualquier sitio de compra y venta online, muchísimas. Desde juguetes hasta computación, pasando por servicios de la construcción, la salud o la belleza. Y los precios llegan a ser hasta un 40% más baratos que en los supermercados. Otros medios de contacto son el grupo cerrado de Facebook y el Twitter.
Como toda la inversión en el desarrollo, tanto de tiempo como de dinero, ha corrido hasta el momento por cuenta de sus miembros, la red impulsó la búsqueda de aportes voluntarios a través del crownfunding, un método de difusión de proyectos online que buscan benefactores o mecenas. Cualquiera puede aportar por este medio, esté donde esté, en efectivo o con tarjeta, y desde los 50 pesos.

“En un mes y medio va a estar la web en funcionamiento. Queremos que la gente se sume al grupo, colabore y participe. Actualmente somos treinta colaboradores que estamos trabajando de forma gratuita en el tiempo libre para mejorar la calidad de vida de las personas”, finaliza Prado. Y desde los fundamentos político-filosóficos de la iniciativa asegura: “Buscamos una contraeconomía o una economía paralela a la economía de mercado […]. De ningún modo vamos a salir del fango con mezquindades internas: vamos a salir del barro todos juntos y sin pisarnos entre nosotros. Buscamos generar mercancías que compitan contra los monstruos sin cara de lo importado. Queremos que el pequeño comerciante y pequeño productor se organice también en pos de lo solidario, de lo justo y lo soberano […]. No queremos exclamar que pueden existir alternativas a la gestión voraz del mercado, queremos construir una realidad que hable por sí misma”. Y en eso están.

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