“Esta derecha viene con vocación de hegemonía”

El economista Alejandro Barrios advierte sobre la promesa vacía de las inversiones y la posibilidad de generar pleno empleo en la Argentina.

Por María Saavedra

A semanas de la visita de Álvaro García Linera, La Hilacha conversó con Alejandro Barrios, economista y docente y miembro de la agrupación El Sur No Espera, quien propone pensar la propuesta del vicepresidente boliviano con algunos matices, especialmente aquellos que tienen que ver con las características diferenciadas de la matriz productiva en países como la Argentina y Brasil. Blanqueo de capitales, pleno empleo y los procesos de fragmentación interna fueron otros de los temas que surgieron en la charla.

¿Cuáles son las principales observaciones que le hacés al análisis de García Linera respecto de las economías de la región?

Linera habla desde el Estado, que cuando es gobernado por el campo popular administra una parte muy importante del PBI. Por ejemplo, es el caso de Ecuador y Venezuela. La principal exportación de Venezuela es el petróleo, y cuando un movimiento popular maneja ese Estado se vuelve muy potente en lo que respecta a la economía. Cuando el pueblo brasileño y argentino elige un líder y un espacio político para administrar el Estado, le permite administrar una parte muy pequeña de la economía y con una situación de debilidad astronómica. Entonces, pedirle a estos procesos, al de Brasil y al de la Argentina, medidas o políticas similares a las que toma Evo o tomó Chávez en su momento es pedirle demasiado. No podemos ni debemos olvidar que el capitalismo argentino hace cien años que está funcionando y el capitalismo de Bolivia, hace apenas diez. Los trabajadores reconocen distintas matrices históricas. Acá está Techint, Arcor, Pérez Companc, empresas que no están en Bolivia ni en Ecuador ni en Venezuela. El capitalismo argentino muchas veces se pareció a un país de desarrollo medio, fundamentalmente por su tejido industrial. Si bien no hay una burguesía nacional como podrían caracterizarla los intelectuales, hay actores muy importantes que condicionan muchísimo a los gobiernos.

Vos te referís al capital concentrado…

Los poderes ejecutivos de la región acuerdan una agenda pero el comercio exterior de la Argentina o de Brasil es privado, no público. Las exportaciones e importaciones argentinas son de privados y ese no es un dato menor. Las exportaciones de petróleo son para el Estado de Venezuela lo que las exportaciones de energía son para el Estado boliviano. Entonces, en esos casos, el Estado administrado por el campo popular se apropia de las divisas con las que hace la política económica. En cambio, el Estado argentino no tiene divisas, fabrica pesos, no dólares. La que exporta es la Sociedad Rural Argentina o Bunge y Born, es decir, capitales privados. Esas divisas las pueden liquidar o no, el Estado puede tomar medidas para que las liquiden o no, pero tiene un margen de maniobra muy, muy pequeño.

Linera da una serie de consejos y apuesta mucho a la economía social y popular, pero nuestro capitalismo es bastante diferente al capitalismo boliviano, ecuatoriano y venezolano. ¿La economía social puede ser un vehículo en el futuro? Sí, pero nosotros tenemos que hacer política económica con el capitalismo de hoy.

¿Qué panorama se abre en América Latina con la avanzada de la derecha?

Estamos ante el fin de una experiencia, de una oleada, como dice García Linera. Una primera oleada que nos dejó en un momento más próximo que en la década del setenta. Hay una cosa mucho más masiva de militancia. Quizás la nueva oleada nos tiene que encontrar mejor de lo que hemos sido. Hemos sido muy torpes en hacer muchas cosas. Acuerdo en cuatro de los puntos que García Linera menciona, el único matiz que tengo es que él es muy “atrevido” porque subestima la importancia del capitalismo transnacional que está en Brasil y en la Argentina, que no es un capitalismo nacional. Nosotros tenemos tareas más complejas como es lidiar con los capitales transnacionales.

¿Qué procesos pensás que quedaron truncos con la derrota kirchnerista?

La derrota nos agarró en frío. Cuando murió Néstor Kirchner se rompió el bloque político. La soberbia y la falta de generosidad política colaboraron para que ese bloque no pudiera rearmarse. Y hoy enfrentamos un proceso de tremenda debilidad donde vemos que se están llevando puesto el país y seguimos tirándonos piedritas entre nosotros.

¿Pero eso no es justamente lo que advierte Linera cuando habla de la excesiva dependencia de los movimientos populares hacia los líderes?

En ese punto acuerdo con Linera: hay que ir construyendo el liderazgo colectivo para cuando el líder no esté, pero si está el líder hay que acumular poder con él. Nosotros debemos hacernos mucha autocrítica sin perder de vista las conquistas alcanzadas ni la dimensión política de una figura como la de Néstor Kirchner. Él nos hizo reconciliar con nuestro mejor pasado y llegamos hasta donde llegamos.

¿Qué falta dentro del movimiento?

Mucha formación política. Hay dirigentes que no se ocupan, muy pocos quieren ir a una plaza a matear con los vecinos. El FPV frente a la derrota debe tratar de reconstruir otra cosa, no puede quedarse en su casa. El macrismo ha conseguido partir el bloque de los trabajadores a un mes de la gran marcha sindical del 29 de abril. No estamos frente a una derecha burra, sin experiencia, que viene a rapiñar y se va. Esta derecha viene con vocación de hegemonía. Entonces nosotros no podemos hacernos los tontos y seguir haciendo política con la década ganada. Tenemos que pensar que en el 2017 Macri nos gana caminando si no articulamos una oposición.

¿Cuál es tu diagnóstico sobre los Panamá Papers y la repatriación de capitales?

Yo pienso que este blanqueo va a ser un poco más exitoso que los anteriores porque hay una presión internacional, no se van a poder esconder fondos en algunos países que tienen la obligación de blanquear, pero eso no se va a traducir en nada de lo que nosotros pensamos que hay que hacer en política económica: generar trabajo. Los capitales van a ingresar como capital financiero y tampoco están obligados a ingresarlos, de modo que parte de los capitales blanqueados se van a quedar afuera. Lo que vamos a cobrar por el blanqueo va a ser un stock de pesos, por única vez, que no va a alcanzar ni para pagar la mitad de la deuda que el Estado tiene con los jubilados.

El resto de los años en que hay que seguir pagando, se va a recurrir al Fondo de Garantía de Sustentabilidad, con lo cual esas acciones que son del ANSES, y que daban utilidad permanente porque se reinvertían en nuevas acciones, ahora se van a utilizar para pagar gasto corriente. Y si no alcanza se van a vender.

¿Es el fin del Fondo de Garantía de Sustentabilidad?

Si no hay ingreso fiscal genuino para pagar esta nueva ley, sí. Además no hay generación de empleo genuino que pueda engrosar las arcas del ANSES, nuevos trabajadores que generen nuevos aportes. Y si sigue habiendo destrucción del mercado interno, no va a haber generación de nuevos trabajos. La pregunta es: ¿cómo van a financiar entonces esto que se está agotando? Terminando con el stock de activos del ANSES. Del mismo modo que en los noventa, liquidar los activos con privatizaciones y con eso financiar y financiar hasta que explote. Esta es la única carta que tienen. Están jugando mucho al financiamiento externo y si eso no se da va a ser un problema. Y si vienen, vamos a estar frente a un problema que se va a visibilizar por goteo, más a largo plazo, como en la década del noventa. Y no nos olvidemos que el pueblo votaba eso, el pueblo votó el ajuste. Tenemos que ser conscientes de que hay una parte del pueblo argentino que vota el ajuste.

¿Es posible pensar en un país con pleno empleo cuando el sistema financiero global funciona con un 30% de desocupados como una tasa normal?

Sí, claro que es posible. Hay que hacer un montón de cosas pero es posible. Hay que cambiar la matriz productiva. Transformar en empleo antiguos trabajos, promover la economía del cuidado. En el capitalismo argentino el 80% es empleo privado y solo el 20%, empleo público.

¿A qué le llamás economía del cuidado?

El capitalismo se reproduce porque hay una sobreexplotación de la mujer, alguien que hace la economía del cuidado de forma gratuita. Si nosotros a esa generación de valor que hace la mujer en el cuidado lo transformásemos en valor mercantil, las compañeras estarían siendo reconocidas como trabajadoras, no en términos de subsidios de amas de casa. Hay muchas economías que ante el problema estructural del desempleo están pensando en nuevos empleos de antiguos trabajos. Si reconociéramos eso como un empleo, habría menos personas tratando de ingresar al mercado de trabajo, y la poca generación de puestos que conllevan los adelantos tecnológicos no sería tan grave como en este momento.

Acá se puede generar pleno empleo. Faltan muchas cosas por hacer pero no podemos caer en la propuesta europea de Ingreso Ciudadano, porque el trabajo es el legitimador social de los hombres y mujeres dentro del grupo familiar y la comunidad. Quizás hay que reducir la jornada laboral, quizás hay que mirar más la economía del cuidado, quizás hay que hacer una reforma agraria. Pero si el objetivo es el pleno empleo, acomodemos los instrumentos a ese objetivo, no al revés. Acomodar todos los vínculos sociales a los instrumentos de la macroeconomía es un camino erróneo.

Con las ideas y los recursos, ¿por dónde es el camino?

Construir la mayoría. Una mayoría potente, como decía Aldo Ferrer. La única posibilidad del desarrollo es la densidad nacional: una mayoría sólida y articulada que entienda que todos vamos para el mismo lado. Que incluya a todos, no solo a los buenos.

La contradicción principal hoy no es capital-trabajo. Es densidad nacional o neoliberalismo internacional.
El sujeto político de la etapa que viene son los trabajadores, no de los dirigentes sino de los trabajadores organizados, y los políticos e intelectuales deben acompañar el proceso. Yo confío mucho en los trabajadores argentinos, más allá de los dirigentes sindicales. Nuestra tarea no es resistir: hay que empezar a tejer acuerdos, alianzas, a tejer y hacer política. Hacer política es sentarse con quien no piensa como vos.

Deja un comentario