Plata dulce: los origenes de la fortuna de los Macri

En la cuenta del otario

#Panamapapers, Macri y la génesis de la deuda externa, en días en que el pasado golpea las puertas de nuestro futuro.

Por Mariano Pugliarello - Especial para La Hilacha

 

Por estas horas, Mauricio Macri deja su olor prometedor y acaramelado de pan recién horneado para explotar en los portales del mundo como director de una sociedad offshore radicada en Bahamas, conocido paraíso fiscal. Se convierte así en un pan caliente que llega a la mesa duro y te rompe la dentadura. Porque el pan al salir del horno puede ser ya viejo si tiene la misma receta y los mismos ingredientes.

Desde diciembre, tenemos un nuevo gobierno nacional que viene dando claras señales de querer girar, como en el pasado, en una espiral de endeudamiento externo, jugosas comisiones mediante. Esta es una decisión política que requiere convocar a cadenas de oración para pedir que no lluevan olas de juicios, tanto del remanente que no litigó como del 93% que adhirió a los canjes 2005 y 2010.

El recuerdo del comportamiento de las corporaciones nacionales y transnacionales en contextos en el que el Estado argentino propició este tipo de endeudamiento es inevitable. Especialmente, en el período en el que fue más visible esta férrea alianza entre el Estado y el sector del capital productivo-financiero que se inauguró el 24 de marzo de 1976 y concluyó el 10 de diciembre de 1983 (aunque estas son fechas arbitrarias, ya que podríamos decir que las políticas neoliberales tuvieron su fecha de nacimiento con el Rodrigazo y recién concluyeron con la explosión social de 2001. Nobleza obliga, con una resistencia infructuosa de la gestión de Raúl Alfonsín).

Ni bien asumió, el macrismo comenzó a ensayar diferentes variantes para contrarrestar el discurso y la gestión del anterior gobierno. Este avance sobre el “relato K” se desarrolla en el terreno de lo subjetivo, pero en realidad tiene su anclaje en la defensa de un modelo económico opuesto, que fue más beneficioso para la historia de la familia Macri que para la historia nacional.

Después, qué importa del después…

La relación de los Macri con YPF no fue siempre la del republicano que denuncia ante el mundo el “despojo” propugnado por el Estado nacional sobre el capital extranjero, como lo hizo Mauricio Macri cuando el gobierno nacional saliente expropió el 51% de las acciones de la empresa, allá por 2012. Tuvo, por cierto, una relación bastante más íntima a través del grupo SOCMA (sociedad Macri) en épocas en que no se hablaba de inseguridad jurídica ni de reglas de juego.

Con la llegada de la dictadura de Videla, Massera y Agosti, el grupo SOCMA vio brillar en este nuevo horizonte las luces de la capitalización. Fue entonces que, junto con otros grupos, obtuvieron en 1977 contratos para “extracción por medio de recuperación secundaria” en áreas explotadas por la estatal YPF. Esto es que sin riesgo empresarial alguno y a fuerza de lobby, el grupo de la familia Macri y sus socios se hicieron dueños de 1.024 pozos petroleros, lo que representaba el 10% de la extracción nacional. La explotación se realizó a través de la figura de contratos de riesgo, que de riesgo nada tuvieron, ya que se operó sobre áreas con reservas comprobadas y exploradas previamente por la empresa estatal. Esto supuso para YPF pagar el petróleo extraído a casi el doble de lo que costaba extraerlo. La consecuencia de estas participaciones de los grupos locales en el sector hidrocarburífero fue un endeudamiento para la petrolera argentina –entre diciembre de 1975 y marzo de 1984– de 7.763 millones de dólares, lo que equivalía, entonces, al 18% de la deuda externa del país.

Con la llegada de la dictadura de Videla, Massera y Agosti, el grupo SOCMA vio brillar en este nuevo horizonte las luces de la capitalización.

En paralelo con este negocio, se realizó otro aun más importante: el fuerte endeudamiento externo privado se estatizó bajo el mecanismo de seguros de cambio y su punto de mayor intensidad estuvo a cargo del ex ministro de Economía Domingo Cavallo, cuando ejerció la presidencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Uno tiende a especular, a partir de la filosofía que defiende hoy la gestión PRO, que este tipo de maniobras fueron el resultado de una necesidad del Estado terrorista de apalancar a determinados grupos locales vía deuda externa pública.

Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado

El proceso de endeudamiento privado durante la dictadura podría formar parte de una novela de terror. Uno de los mecanismos más utilizados para evadir capitales y, por consiguiente, aumentar la deuda era –en palabras de Alfredo Eric Calcagno– el siguiente: “El interesado introducía dólares prestados por bancos extranjeros, los convertía en pesos, realizaba ganancias por la tasa de interés nominal interna –mucho mayor que el costo del crédito fijado por la tasa de interés externa y el ritmo de la devaluación–; después reconvertía los pesos en dólares, los sacaba del país y los depositaba en un banco extranjero y obtenía un nuevo crédito en dólares de ese banco con la garantía del depósito; y así se repetía reiteradas veces esa operación. Cuando el saldo del comercio exterior ya no era suficiente para proveer de dólares a los que querían depositarlos en el exterior, se obligó a las empresas públicas a endeudarse en moneda extranjera, para que los depositaran en el BCRA, que le daba el equivalente en pesos a la empresa pública y vendía los dólares a los particulares que los solicitaban”. Se llamó a este mecanismo la “bicicleta”, y se daba en paralelo con el esquema de seguros de cambio. El cíclico y creciente endeudamiento privado externo era primero licuado y luego absorbido por el sector público, convertido en más deuda externa. A diciembre de 1982, la deuda externa privada –incluida la que estaba bajo el régimen de seguros de cambio– era de 15 mil millones de dólares. En este circuito de fuga se veían también muy afectos algunos de los bancos que eran acreedores externos del Estado argentino.

Este avance sobre el “relato K” se desarrolla en el terreno de lo subjetivo, pero en realidad tiene su anclaje en la defensa de un modelo económico opuesto.

Ahora bien: ¿qué tendrá que ver todo esto con nuestro actual presidente? Vayamos un poco más allá: “La nómina de empresas a las cuales se les detectó alguna forma de autopréstamos es tan abundante como significativa: Renault Argentina S.A.; Siderco Americana S.A.; SOCMA S.A.” (Halliburton, Bianco y Villalba).

Para el economista Eduardo Basualdo, la culminación de este proceso de endeudamiento fue, paradojalmente, el comienzo de otra etapa del ciclo “que llegó a su máxima expresión con la privatización de las empresas públicas: la capitalización de la deuda externa".

Esta no fue la última de las acciones en las que nuestro novel presidente puso en juego su vocación empresaria para, una vez más, desguazar el Estado argentino. Vendrían concesiones, sociedades con grupos extranjeros, contratos con el Estado. Todo un abanico de posibilidades para eliminar el riesgo empresario y apropiarse de quince años de “valorización financiera” –concepto de moda por la época de Martínez de Hoz que refiere al valor de algo más allá de su valor productivo real– a costa del endeudamiento externo, el desempleo y el hambre sin precedentes de gran parte del pueblo argentino.

Veinte años no es nada

Hace poco más de dos décadas comenzaba el proceso de desregulación que devino en la privatización y posterior extranjerización de la mayor y más entrañable empresa petrolera nacional. Una multiplicidad de factores políticos y económicos propiciaron la transformación de una empresa emblemática como lo fue YPF en una sociedad anónima.

Veintitantos años después, un gobierno de raigambre peronista, partiendo de la ineludible verdad de que la estrategia de negocios de Repsol-YPF era incompatible con las necesidades de un proyecto de país industrialista con fuerte acento mercadointernista, reparó el daño realizado y expropió una herramienta clave para su soberanía energética.

Veintitantos años después, aquel muchacho que escuchaba a hurtadillas o en la mesa sobre el buen pasar de los negocios de la familia, nos propone su racionalidad a cambio de nuestras emociones. Intenta, CEOcracia mediante, convencernos de manera pueril de que detrás del sentimentalismo chauvinista, o delante de él, hay un pensamiento superador desprovisto de todo ropaje vernáculo y cuasi científico.

La supuesta irracionalidad que encarnamos como país, al reapropiarnos de nuestro petróleo y nuestro gas y nuestra agua, tiene la condena de quien nos seduce con el juego de Estado-empresa, nos cuenta de un país diezmado y de inversiones acuciantes que deben ser hechas. Nos habla desde el ABC del liberalismo económico a quienes ocupamos el eslabón más débil de la cadena de comercialización: los clientes, los ciudadanos. Las tarifas que explotan sin criterio de contención social son el sucedáneo de una dinámica que encarna un empresario prebendario que entiende a la población como mercado. Son consecuencia de la ideología de un sector que pasó, como por arte de magia, de ser la patria contratista en los setenta, a erigirse como los capitanes de la industria en los ochenta, y que culminaron su proceso de apropiación del Estado argentino con las privatizaciones menemistas. Luego de doce años de “chavización”, vienen por más. Plantean un endeudamiento externo del que, como durante la dictadura, serán los principales beneficiarios.

Aquel muchacho que escuchaba a hurtadillas o en la mesa sobre el buen pasar de los negocios de la familia, nos propone su racionalidad a cambio de nuestras emociones.

El mecanismo de transferir deuda pública a las arcas de las corporaciones privadas es tan viejo como el capitalismo mismo. En este caso, como lo fue en los noventa, no hay dudas de que las condiciones serán de nuevo puestas desde el exterior. Posiblemente, la obra pública –si la hubiera– quedará en manos de consorcios armados por jugadores locales con capacidad de lobby y empresas puestas a dedo por los bancos que presten desinteresadamente el dinero para el desarrollo de la infraestructura argentina. Esta predicción, lejos de ser una especulación propia de la futurología, no es ni más ni menos que el resultado de la exploración del pasado reciente y la convicción de que, parafraseando al poeta, las grandes novedades podemos verlas arrumbadas en un museo.

Hoy, los portales de noticias del mundo publican la foto de nuestro presidente asociada a empresas offshore y emprendimientos financieros no declarados. Información que, repasando la historia de los negocios de Macri, no sorprende a nadie.

Terminada la luna de miel con los medios hegemónicos –Fútbol para Todos mediante– y abierta la caja de Pandora que dejó escapar decenas de miles de nuevos desempleados y más de un millón de nuevos pobres, la CEOcracia cruje, el barco hace agua y la luz al final del túnel es la sombra neblinosa de los mismos viejos fantasmas de siempre.

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