Sin lugar para los débiles

A un año del bombardeo de Estados Unidos al hospital de Kunduz, el presidente de Médicos Sin Fronteras Argentina denuncia una guerra sin reglas donde los enfermos y los niños también son un objetivo.

Por Gladys Stagno

“El pasado 3 de octubre de 2015, nuestro hospital en Kunduz, Afganistán, sufrió un brutal ataque por parte de Estados Unidos. Fui a Kunduz, y uno de los sobrevivientes, un enfermero de Médicos Sin Fronteras (MSF) cuyo brazo izquierdo fue arrancado durante el bombardeo, me explicó algo que aún me persigue estos días. Me dijo que cuando comenzaron los enfrentamientos, MSF subrayó ante el personal del hospital que el centro era un lugar seguro. ‘Nosotros les creímos. ¿Usted sabía que nos bombardearían?’. Le respondí que hasta el 3 de octubre yo también creía que el hospital era un lugar seguro. Algo que ahora ya no puedo afirmar sobre las instalaciones médicas que están en primera línea de un conflicto.” Esta declaración es parte del discurso que Joanne Liu, presidenta de MSF, pronunció ante el Consejo de Seguridad de la ONU en mayo pasado.

En agosto, tras el bombardeo a un hospital que la ONG internacional tenía emplazado en Yemen, el director general de MSF Argentina, David Cantero Pérez, expuso ante la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto del Senado de la Nación una serie de cifras que helaron a los presentes. Luego dijo: “Solicitamos que como representantes del país puedan elevar este pedido a las autoridades y que esta comisión sirva de caja de resonancia de lo que nos está sucediendo ante todos los organismos internacionales, elevando el reclamo de que hasta en las guerras hay reglas”.

"Cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad [de la ONU] nos han bombardeado directamente o están involucrados en algunas de la coaliciones que nos han atacado. En la mayoría de los casos, esos ataques han sido perpetuados por ejércitos regulares, por armadas."

Las cifras que los senadores escucharon fueron las siguientes: durante 2015, 106 bombardeos aéreos y ataques con bombas golpearon a 75 hospitales manejados o apoyados por MSF en Siria, Yemen, Afganistán, Ucrania y Sudán. Y hasta agosto de este año ya se habían recibido otros 17 ataques.

Las bombas llevan firma. “Cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad [de la ONU] nos han bombardeado directamente o están involucrados en algunas de la coaliciones que nos han atacado. En la mayoría de los casos, esos ataques han sido perpetuados por ejércitos regulares, por armadas”, explica Cantero Pérez en diálogo con La Hilacha. El economista experto en ayuda humanitaria se refiere a los ejércitos de Estados Unidos, Rusia, Reino Unido y Francia.

En mayo, la ONU aprobó la Resolución 2286 de “protección de los civiles en los conflictos armados”, que condena enérgicamente el ataque a las estructuras médicas. Luego de eso, hubo casi 40 ataques más. “El bombardeo al hospital de Kunduz creo que fue el más grave, ya que murieron 42 personas y destruyeron totalmente el lugar. Para organizaciones como MSF fue un punto de inflexión. Nunca habíamos recibido un ataque tan fuerte, tan quirúrgico, incluso por la forma en que fue llevado a cabo, repetidamente bombardeado. Y en este caso fue el gobierno estadounidense, con el cual tenemos una interlocución clara. Habíamos aclarado nuestras coordenadas”, relata Cantero Pérez.

Ningún daño colateral

Médicos Sin Fronteras es una de las pocas organizaciones humanitarias que trabajan en la línea del frente, donde la situación sanitaria es desesperante. La ONG decidió convertir la denuncia en campaña bajo la consigna “#NotATarget” (No somos un objetivo), para visibilizar los ataques que, durante 2015 y en el primer mes y medio de 2016 en Siria, se sucedieron a razón de uno por semana, en lo que su director define como “una tendencia”.

El pasado 3 de octubre, a un año del atentado al hospital de Kunduz, varios misiles impactaron en el hospital de Rif Damasco, en el suburbio de Duma, Siria, donde destruyeron gran parte de las incubadoras del departamento neonatal. Ese mismo día, los dos hospitales más importantes de las áreas de Qudsaya y Hameh, al norte de la ciudad, también sufrieron impactos. Dos días más tarde, cuatro bombas y cerca de 20 misiles impactaron el hospital Khan el Shi, en el sureste de Damasco. El ataque se cobró la vida de cuatro personas, dos pacientes y dos miembros del personal del hospital, y once personas resultaron heridas. El hospital quedó destruido.

Las misiones médicas ya son un objetivo y no puede llamarse daño colateral –agrega Cantero Pérez–. Es una violación fragante del derecho internacional humanitario, que son esas reglas que la guerra también tiene. El eslogan que utilizamos es que 'hasta la guerra tiene reglas'. Pues estamos viendo que esas reglas que intentaban humanizarlas están siendo violadas de manera sistemática”.

Para el referente de la ONG independiente, quien ha liderado misiones humanitarias en Colombia y en Marruecos, se trata de un acto “a conciencia”: “Hemos sido víctimas de los ataques denominados double tapping, que sería algo así como doble golpe [una técnica de tiro que se utiliza para asegurarse de destruir el objetivo]. Por ejemplo, en uno de los hospitales, lo que hicieron fue bombardear un mercado aledaño, o los edificios que están cerca de los hospitales, siempre en lugares civiles. Cuando el personal sanitario y de rescate se acerca a curar o asistir a las personas para aliviar el sufrimiento, vuelven a atacar otra vez y crean más víctimas”.

Y finaliza: “Lo que estamos planteando a través de nuestras peticiones es que se realicen investigaciones independientes sobre lo que ha pasado. Eso es lo que estamos buscando, que nos expliquen el porqué. Que nosotros elaboremos una hipótesis es muy arriesgado. Lo que está claro es que el objetivo de los conflictos en que estamos trabajando es la población civil. Lo que hemos visto, cuando atendíamos en 2015 en Siria, es que hubo más de 150 mil heridos de guerra. Fijate la cifra. La cantidad es enorme. Y de esos 150 mil, un tercio eran mujeres y niños”.

Foto de tapa: Francesco Zizola/Noor

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