Pileta de la Tupac Amaru, en Jujuy, de la organización de Milagro Sala

“La oligarquía nunca le va a perdonar la pileta”

Desde la Tupac Amaru denuncian que el discurso del gobernador Morales contra Milagro Sala es “segregador” y “genera odio racial”.

Por Gladys Stagno

La sociedad jujeña, con toda su complejidad, encuentra en Milagro Sala –y su detención poco ortodoxa– un chivo expiatorio para dirimir rencores ancestrales. Desde los sectores populares denuncian que la dirigencia provincial, por su parte, esquiva la responsabilidad que le compete y alimenta el resentimiento de la mano de un discurso que estigmatiza y silencia.


“Nosotros sabemos de la importancia que tienen las organizaciones en Jujuy. La Tupac Amaru encabeza, encabezó y siempre estuvo al lado del pedido de vivienda, salud y educación. Los estados provinciales jamás supieron dar cuenta de estos elementales derechos humanos”, explica Inés Peña, referente de los derechos humanos en la provincia. Para Peña, el discurso gubernamental en relación con Sala “también desvaloriza socialmente el rol de las organizaciones, sus identidades y sus referentes, elegidos democráticamente entre sus bases”.

Por su parte, el abogado de la Tupac, Luis Paz, sostiene que “lo grave del discurso que hoy está llevando adelante (Gerardo) Morales respecto de la detención de Milagro es la generación de un tremendo odio racial respecto de los tupaqueros”. Y agrega: “Hay una tremenda ruptura social que es producto del discurso segregador que tiene el gobernador, lo cual es gravísimo”.

Por si esto fuera poco, desde los medios hegemónicos, tanto nacionales como locales, desvirtúan o desconocen la construcción de la Tupac Amaru –que ya lleva quince años, tiene sede en quince provincias y es, en Jujuy, la principal empleadora después del Estado y el Ingenio Ledesma– por las acusaciones que pesan sobre su líder. “Estamos hablando de 8.000 viviendas, de 8.000 familias, de un padrón electoral de 40.000 personas que ha votado a favor, de 100.000 personas que están dando vueltas alrededor de un partido que está muy bien organizado (el Frente Unidos y Organizados, por el cual Sala se candidateó y fue electa como diputada del Parlasur). No hay testimoniales que demuestren lo contrario de por qué toda esta gente, de corazón, continúa al lado de Milagro Sala”, destaca Daniel Segovia, presidente del Consejo Nacional de Política Indígena, quien se hizo presente en el acampe que la organización mantuvo durante un mes en la Plaza de Mayo pidiendo por la liberación de la dirigente.

Que un negro, que un pobre, que un indígena tenga una pileta, en Jujuy, no se lo van a perdonar nunca.

Para Rosario Dassen, socióloga y coordinadora de las carreras terciarias que se dictan en la organización, se trata, además, de una puja simbólica: “Lo que nunca le van a perdonar a Milagro es que sea mujer, que se reivindique con muchísima dignidad y orgullo como indígena, que para la oligarquía de Jujuy es un pecado, es un insulto; y tampoco le van a perdonar nunca la pileta, ni a ella ni a la Tupac Amaru. Que un negro, que un pobre, que un indígena tenga una pileta, en Jujuy, no se lo van a perdonar nunca. Porque la pileta es también un símbolo de la plenitud, del cuerpo y de los derechos”.

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