Desfile militar. Derechos humanos en Bahia Blanca

El grafiti más prolijo del mundo

Bahía Blanca y los derechos humanos. La mirada de un periodista local que recorre la ciudad desde una pared... hasta un juzgado.

Por Erdosain Bentancor* - Especial para La Hilacha
Fotos: Luis Salomon

En Bahía Blanca la 507 es una línea de colectivos que recorre varios lugares de la ciudad. Quien escribe se tomaba seguido la 507 –porque acá se antepone “la” cuando hablamos de colectivos– y en el trayecto pasaba por una esquina que tenía un paredón con una inscripción que le quedó grabada para siempre.

Era la década del 80 y nadie te explicaba nada sobre el pasado reciente, mucho menos los medios de comunicación, aunque el niño que entonces era no los consumía. Lo cierto es que en aquel paredón figuraba quizás el grafiti hecho con aerosol más impactante y prolijo del mundo. A modo de noticia se podía leer en letras bien grandotas: “24 de marzo de 1976: una banda de asesinos anda suelta”.

No había en esa 507 nadie que se mostrara sorprendido por esa leyenda, y por eso jamás pregunté en esos viajes qué quería decir, quiénes eran los asesinos, ni qué había ocurrido aquel 24 de marzo.

En mi casa, como en casi todas las casas del mundo, no se hablaba de aquello que se prefiere no recordar.

Pasaron los años –mejor dicho, vinieron los años–, llegaron los libros, otras voces, mucha curiosidad, varios pañuelos, y así uno empezó a darse cuenta por dónde venía la cosa y a identificar por quiénes estaba formada aquella “banda de asesinos” que el 24 de marzo de 1976 andaba suelta.

En aquel paredón figuraba quizás el grafiti hecho con aerosol más impactante y prolijo del mundo. A modo de noticia se podía leer en letras bien grandotas: “24 de marzo de 1976: una banda de asesinos anda suelta”.

Como este texto intenta ser reflexivo, no caeré en el famoso, facilista y acostumbrado discurso de “Bahía Blanca es una ciudad muy difícil…”, “Bahía es fascista…”, “Bahía es careta…” y varios adjetivos más.

¿Esta es una ciudad difícil desde el punto de vista ideológico? Claro que lo es. Rodeada de dependencias militares y con un multimedio que históricamente fue la única voz –y no justamente una voz progresista o humanista–, milagroso habría sido que la sociedad bahiense no hubiera sido “difícil”, si esa es la palabra que realmente tenemos que usar.

Respecto de si Bahía es fascista, quizá convenga decirles algo al oído: muchachos, muchachas, Macri ganó en todo el país.

Más allá de la adjetivación

Que todos esos calificativos sean verdad o no, no ha sido, para quien escribe, el problema central en Bahía Blanca, sino el hecho de que, por determinadas estructuras de poder que conforman lo realmente “difícil” del mundo bahiense, se iba a poner complicado llegar a tener un poquito de justicia.

Sin embargo, pese a los calificativos y las estructuras de poder, la ciudad ha sido ejemplo en materia de lo que se ha logrado a nivel del juzgamiento de delitos de lesa humanidad. Esto es comprobable con simplemente “googlear” las declaraciones de los fiscales que actuaron en los tres juicios que se hicieron en Bahía, por los cuales se condenaron a represores que actuaron en el V Cuerpo del Ejército y en el ámbito de la Armada argentina.

Antes de ese proceso, la impunidad –por ese entramado periodístico, militar, político y empresarial que mencioné–, se hacía sentir y mucho. La impunidad, dicho de otro modo, te la hacían sentir y dolía.

Pero fueron los organismos de derechos humanos, las víctimas, los familiares de las víctimas y todos aquellos que de a poco se fueron uniendo en la lucha los que fueron cimentando el camino hacia la memoria, la verdad y la justicia.

Hubo en el medio algún Juicio por la Verdad que marcó un antes y un después, porque todos pudimos saber de boca de quienes lo sufrieron qué había ocurrido en Bahía durante la dictadura.

Pero, claro, ese juicio no tuvo condena. Servía para saber la verdad, pero no juzgaba. Entonces, terminado el juicio, el diario La Nueva Provincia te cagaba a latigazos de vuelta con un editorial.

Juicio y castigo, ¿próximo destino o estación esperanza?

Finalmente las políticas nacionales de derechos humanos implementadas a partir de 2003 abrieron la puerta para que se empezaran a juzgar los delitos de lesa humanidad en todo el país. En Bahía costó y mucho, pero finalmente llegó el primer juicio, llegó el segundo y llegó el tercero… y llegó un allanamiento a La Nueva Provincia, llegó un pedido de declaración a su director, Vicente Massot, y llegó la posibilidad de preguntar por qué el Arzobispado le pagaba la jubilación a un cura prófugo por participar en secuestros, torturas y homicidios, como Aldo Vara.

Y, claro –porque acá la lógica te hace repetir el “claro”–, todo eso llegó y hasta ahí llegó todo… Porque si bien esta ciudad costera puede ser ejemplo en materia de juzgamiento, en algún punto todavía le falta. Lo es por la cantidad de represores que ya juzgó, pero no lo es por Massot, por Sierra, por Girotti, por el cura Vara, por Cruciani, por el “laucha” Corres y por la estructura de poder, esa que sigue impune.

Quien escribe no se va a poner a contar quién es Sierra, Girotti, Cruciani o Corres. Google les mostrará infinidad de información producida por gente de Bahía donde explica muy bien quién es cada uno de ellos. Porque capaz tengan razón y Bahía es todo eso que se suele decir… pero no es solo eso.

Porque hay varios que la lucharon y la siguen luchando para que la verdad se sepa. Hay varios que fueron escribiendo o contando cómo es la cosa para que la encuentres en Google, hay quienes se quedaron en el camino, hay jueces cesanteados por querer ir más allá, hubo Hugo Cañón y hay más fiscales, hay equipo, hay un montón de gente y un montón de gente que no. Hay Bahía y también ¡ay, Bahía!

Bahía es la que juzgó y es también la que no deja que se toque a la pata civil.

Bahía es La Nueva Provincia pero es también ese desconocido o esa desconocida que alguna vez escribió “24 de marzo de 1976: una banda de asesinos anda suelta”.

Ese juicio no tuvo condena. Servía para saber la verdad, pero no juzgaba. Entonces, terminado el juicio, el diario La Nueva Provincia te cagaba a latigazos de vuelta con un editorial.

Y Bahía es la de hoy, la que tiene que ver con cómo pararse en una realidad política que no es la misma que la del año pasado, que no tiene juicios a la vista y que tal vez requiera de más lucha que antes.

Aquel paredón con el grafiti más prolijo del mundo no se ve más. Fue pintado de un color que hoy llaman salmón, pero que para quien escribe es medio naranja. Que no esté más la leyenda no significa que algunos de la banda no sigan sueltos. Me subo a la 507 y que sea justicia.

* Periodista y escritor.

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