Aulas en alerta

Ante el nuevo rol del Estado en materia pedagógica, ¿están en riesgo los avances en políticas educativas?


Por el Colectivo Educativo Manuel Ugarte – Especial para La Hilacha

El actual proyecto macrista no oculta, por lo menos desde su faceta económica, la vuelta al neoliberalismo más rancio. Aunque en el ámbito educativo su posicionamiento todavía no es tan claro, las palabras del presidente Mauricio Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso nos van presentando algunos indicios.
Allí escuchamos frases como: “La educación pública tiene severos problemas de calidad y hoy no garantiza la igualdad de oportunidades”; “si bien hay una importante inversión pública, esto no se tradujo en una escuela basada en la innovación, la exigencia y el mérito”; “hay alumnos que aprueban sin aprender”; “se han abierto nuevas universidades pero muchas de ellas han sido espacios de militancia política más que de excelencia académica”. O bien: “Encontramos un Estado que dio poca importancia al rol de la evaluación”. Cada pasaje de ese discurso nos trajo algún mal recuerdo.
Cuando en los años noventa se llevaron a cabo políticas educativas que destruyeron las escuelas técnicas, generaron diseños curriculares que buscaban formar para el empleo en lugar de para el trabajo y para la ciudadanía, terminaron de transferir los servicios educativos a las provincias e impulsaron reformas –como la Ley Federal de Educación y Ley de Educación Superior– pensadas y diseñadas por el Banco Mundial para que los países subdesarrollados pudieran “salir de la pobreza”, pero en la práctica solo servían para instalar el reino de la competencia y el individualismo en cada una de las aulas del sistema educativo… Lo hicieron en nombre del mérito, la innovación y la exigencia.
Quizás estaríamos pecando de suspicaces si el Presidente no hubiera hecho, además, una constante referencia a la “ineficiencia del Estado” y al crecimiento del “gasto público”. Es allí donde hay una trampa discursiva que, como educadores, nos preocupa aun más. Y es que en nombre de la “eficiencia” suele ocultarse la descentralización del Estado y el posterior desfinanciamiento de los programas educativos que solo el Estado nacional puede garantizar, como acaba de suceder con el plan Conectar Igualdad, donde ya comenzó la ola de despidos y el potencial desmantelamiento.
¿Qué pasará con los programas como los Centros de Actividades Juveniles (CAJ) o Patios Abiertos, que intentan que los pibes y pibas encuentren en la escuela un lugar que los contenga, al que tengan ganas de ir y se sientan parte de esa institución que les abre las puertas para realizar actividades fuera del horario escolar que les gustan, disfrutan y por las que no deben pagar?
¿Qué pasará con el PROGRESAR, el FINES, los Planes de Mejora Institucionales (PMI) y de terminalidad pensados para que todos y todas puedan aprender y finalizar sus estudios, fundamentados por una Ley Nacional de Educación que asegura una secundaria obligatoria para evitar que se profundicen las desigualdades sociales preexistentes?
¿Qué pasará con los Programas de Formación Docente que dieron respuesta al reclamo histórico del sector de acceder a una capacitación sin arancelamiento, de calidad y de servicio, y a especializaciones virtuales y presenciales para que los educadores repensemos nuestras prácticas, teniendo en cuenta el recorrido de cada estudiante, y hagamos que su paso por la escuela sea significativo, se sienta capaz y no refuerce la idea de que es descartable para la sociedad?
Lo que pasaría con esos programas, si se llevase esa descentralización, es que cada provincia podría decidir si utiliza los fondos para continuar con estas políticas o los emplea en necesidades “más urgentes”.
Por lo tanto, llamamos a la comunidad educativa a estar alerta, porque conceptos como “calidad”, “mérito”, “exigencia”, “alumnos que aprueban sin aprender”, “excelencia”, universidades “como espacios de militancia”, “evaluación” e “ineficiencia estatal”, entre otros, en el marco de las ya implementadas políticas económicas neoliberales, nos anuncian que un nuevo desembarco está por suceder.

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