La audiencia informativa

En una audiencia que de público tuvo poco, la Usina del Arte se convirtió en una puesta en escena en la que el gobierno fingió escuchar al pueblo, y le dio la espalda.

Por Víctor Aurelio para La Hilacha

Llegar a la Usina del Arte era difícil, participar de la audiencia lo fue aun más. Una acreditación caótica colapsada de personas, la ausencia de información por parte del personal asignado para orientar a quienes asistimos, la falta de condiciones de accesibilidad para personas con discapacidad o el baño químico a una cuadra del lugar son solo algunos ejemplos del caos organizativo que implicó una audiencia que más que participativa fue informativa.

Con solo 373 oradores seleccionados arbitrariamente –de los más de 3.500 inscriptos–, Juan José Aranguren inauguró la audiencia pública y contradijo de entrada su objetivo al informar que, en promedio, el consumidor residencial va a pagar un aumento promedio del 203%. Luego de esta afirmación cabía preguntarse: ¿cuál era el sentido de las ponencias si la cuestión ya estaba resuelta? El ministro de Energía y Minería ni siquiera tuvo la delicadeza de formular una propuesta luego de escuchar a todos los oradores.

Quien lo siguió, el titular de la cartera de Energía de Neuquén, Alejandro Nicola, acordó con lo dicho por Aranguren. También lo hizo el panel compuesto por todas las empresas relacionadas con la explotación, el transporte y la comercialización de gas, como era de esperarse. Estas solicitaron un aumento como mínimo del 200%, ya que ese es el piso que –según dijeron– necesitan para cubrir los costos. Mediante gráficos y palabras grandilocuentes que explicaban la gran cantidad de ingresos obtenidos hasta 2001 y el considerable déficit que padecieron desde entonces hasta 2015, intentaron ratificar el cuadro tarifario ya acordado con el gobierno nacional.

Lo ridículo de sostener que una empresa cuya principal finalidad es la obtención de lucro pierda dinero quince años y opte por quedarse en el país, y el cinismo de marcar como punto de inflexión el año 2001, eran, sorprendentemente, coronados por estruendosos aplausos. Cada una de las intervenciones a favor del tarifazo a sala casi llena fue festejada. Pero cuando le tocó el turno de exponer a los distintos defensores del pueblo, más de la mitad del ¿público? se levantó y se retiró.

Cada una de las intervenciones a favor del tarifazo a sala casi llena fue festejada. Pero cuando le tocó el turno de exponer a los distintos defensores del pueblo, más de la mitad del ¿público? se levantó y se retiró.

A partir de allí comenzaron a escucharse voces en contra del aumento desmedido. Los defensores aportaron diferentes matices y ópticas particulares, de acuerdo con la provincia de donde provenían y las problemáticas de cada una. En la misma tónica, los siguieron los representantes de las asociaciones de consumidores.

El sábado fue el turno de los legisladores. Cada uno disertó de acuerdo con la representación del espacio político de pertenencia. Los del oficialismo defendieron los aumentos e indicaron que era la única manera de obtener un mejor servicio. Insólitamente, consideraron que esto era así “sobre todo para los humildes”. Por su parte, legisladores de distintos partidos de izquierda rechazaron enfáticamente los aumentos al tiempo que solicitaron la estatización de las empresas relacionadas con el gas y el control de los trabajadores. En el caso del Frente para la Victoria, fue Axel Kicillof el principal orador, y también quien puso la situación en contexto al sostener que el aumento del gas “viene después del aumento del 370% de la electricidad, del 200 del agua, del 100 del transporte, de una devaluación que supera el 50% y una inflación del 40”. Remarcó también una caída del salario de más del 10%.

Finalmente, en la categoría “otros usuarios/público en general” quedamos englobados vecinos, entre otros, ex legisladores, profesores de distintas universidades y representantes de organizaciones sociales. Como era de esperarse, la mayoría de los oradores manifestó un rechazo al tarifazo. Los argumentos fueron desde las anécdotas personales a la descripción de las distintas políticas antipopulares del macrismo, pasando por fuertes críticas dirigidas directamente hacia Aranguren.
Aquellos pocos que se pronunciaron en favor de los aumentos lo hicieron desde dudosos argumentos técnicos y cargando las tintas sobre el gobierno anterior.

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Es interesante el caso de Jonatan Remi Bogado. Este abogado de Río Grande, impulsor de amparos en contra del tarifazo, fue anotado como “Yonatan” y quedó como último orador. El sábado lo llamaron de Enargás para decirle que iba a hablar el domingo en horas de la tarde y que la sede de la audiencia en Tierra del Fuego ya no era en su ciudad sino en Ushuaia. Así, atravesó los 211 kilómetros y cuando llegó, le informaron que su turno ya había pasado.

Yo pude exponer entrada la noche del sábado e hice énfasis en la cuestión política por sobre los tecnicismos. Consideré que, tomando los argumentos del oficialismo –ministro, legisladores y empresas–, si es indispensable aumentar los ingresos en toda la cuestión atinente al gas, en vez de aplicar el tarifazo, el gobierno podría haber evitado la eliminación de impuestos y retenciones a sectores sumamente beneficiados como el minero y el agrícola. Que, en definitiva, como en cada una de sus acciones desde el 10 de diciembre, el tarifazo del gas es otra muestra de su objetivo primordial: una feroz transferencia de recursos de las clases baja y media a los sectores más concentrados del poder económico.

*Abogado de la Multisectorial de Caballito. Representante barrial en la audiencia pública.

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