Plaza de Mayo, en 25 de mayo de 2016

La plaza que duele

El 25 de Mayo, la Plaza amaneció vallada. Desde el gobierno, hubo explicaciones poco convincentes para una imagen imborrable y muy simbólica.

Por Camila García

A lo largo de la historia nuestra Plaza de Mayo -o Plaza Victoria, hasta 1884-, es el lugar testigo de todas las movilizaciones de nuestro pueblo. Esos 19.723 metros cuadrados supieron albergar a los patriotas de la Revolución de Mayo, a los descamisados de Eva Perón, a las Madres, a los veteranos de Malvinas.

En Plaza de Mayo nuestro pueblo fue víctima de bombardeos por parte del golpe militar del año 55 y también supo sentir en sus fuentes los pies encallados de aquellos trabajadores que pedían la liberación del primer político que les brindó derechos, dignidad y humanismo. En esa plaza hace apenas un año, festejábamos un aniversario de la primera vez que nos dimos un gobierno propio. En esa plaza vimos la represión, muchas veces; vimos cómo agredían a nuestras madres y abuelas, y vimos huir a un Presidente que se olvidó del pueblo, como tantos otros.

Se cumplieron 216 años de nuestra Revolución de Mayo. Los revolucionarios de 1810 supieron cómo transmitir las ideas, cómo hacerlas reales y cómo hacer consciente a un pueblo de su capacidad para constituir una patria. Por eso es que la imagen de nuestra plaza vallada en un aniversario patrio duele.

La política es símbolo, es acción, es estrategia, es reunión, es acuerdo, es ejercicio del poder, es administración y siempre es ideología. Cambiemos no escapa a esa virtud, Cambiemos es estrategia, es política y sobre todo es simbología. Esa plaza cerrada, vallada, repleta de fuerzas de seguridad, y nuestro Presidente compartiendo un locro con algunos vecinos del barrio de Olivos son el símbolo, la imagen, del proyecto ideológico del nuevo gobierno que eligió la Argentina.

Todos los días nuestro Presidente y su gabinete nos dan una muestra de la ideología que quieren ocultar detrás de discursos lavados que apelan al vecino común, a la gente que se cuidan muy bien de no llamar “pueblo”.

Se trata de una ideología que piensa la sociedad como la suma de las individualidades, y que te prefiere dentro de tu casa. Porque juntarse en la calle implica encuentro, solidaridad, debate, charla, mate y ganas de establecer cursos y estrategias de acción frente a medidas económicas profundamente antipopulares. Porque -como saben que en la naturaleza de nuestro pueblo está la lucha, la identificación con el otro, la necesidad de reivindicar los derechos por los que otros dejaron la vida- necesitan que no te sientas parte del pueblo. Necesitan desmovilizarte, que te desencuentres y que te quedes en tu casa mirando en televisión los programas que quieren que mires. ¿Qué mayor ideología que esa? ¿Los revolucionarios de mayo hubiesen podido gestar la revolución comiendo un locro a puertas cerradas dentro del Cabildo?

Por todas estas razones fue un 25 de Mayo triste para un pueblo que no perdió la solidaridad colectiva. Que todos los días sale a luchar por sus derechos porque entiende que de eso se trata la historia de los pueblos: de la lucha frente a los que hacen de la exclusión un negocio.

La Plaza de Mayo llena de gente es un símbolo. Vacía y vallada, también. Cambiemos decide, así, gobernar con la “gente” y sin el “pueblo”. Porque la alegría de esta revolución no será para las multitudes, ni estará en las calles.

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