Los medios se están ahogando

Medios sin ley

Cambiemos presiona con distintas estrategias. Los medios comerciales negocian y los sin fines de lucro enfrentan un ajuste forzado.

Por Diego Rossi* - Especial para La Hilacha

El segundo semestre argentino consolida un panorama muy áspero, particularmente en lo relativo a las políticas de comunicación, a los proyectos periodísticos y a las manifestaciones mediáticas de “lo nacional y popular”.

Para muchos de nosotros, confluyeron dos adaptaciones forzadas. Una, el obligado recálculo de las subjetividades políticas que se desplegaron durante más de una década desde el lugar de las mayorías oficiales. Y la otra, una constrictiva situación material: 2.500 despedidos de puestos de trabajo ligados a la comunicación masiva y un corte o demora injustificable de fondos oficiales (pautas publicitarias, fondos gestionados por la ex AFSCA, fomento a la producción audiovisual del INCAA, etc.) que, junto a los tarifazos y la estanflación –inflación en contexto recesivo–, llevaron a un ajuste darwiniano de los proyectos de comunicación no alineados con el poder de turno.

“Por la razón o la fuerza”

El lema que acompaña al Estado chileno, quizás más sincero desde la realpolitik que el brasileño “orden y progreso”, grafica la raíz de las posiciones adoptadas por la alianza Cambiemos durante sus primeros siete meses en el poder para re-regular las relaciones sobre la comunicación social.

Quizás porque durante el kirchnerismo los apoyos argumentales de las medidas ejecutadas desde el gobierno tenían un fuerte componente doctrinario y de “racionalidad consecuente”; aun algunos análisis desde un foco, si se quiere, socialdemócrata o republicano hallan en las contradicciones internas programáticas o discursivas del oficialismo un punto para indignarse y replicar.

No es que sea inválido ese camino: pero el desdén por la coherencia viene en combo con un repique sobre la vulnerabilidad política y la sostenibilidad de los sectores que de una u otra forma estaban ligados al proyecto anterior.

Las estrategias PRO de desarme de las tramas previas de comunicación han sido múltiples:

  •  Operar sobre los quebrados “empresarios amigos K de la burguesía emergente”.
  • “Secar” la plaza publicitaria de pagos pendientes y restringir las pautas oficiales.
  • Empujar por inanición y sugestión a los clubes de fútbol para terminar con el esquema Fútbol para Todos.
  • Auditar a todos los expedientes del Fondo Concursable para medios comunitarios y afines para buscar moscas en la sopa “sabbatellista” y de paso inhibir nuevos giros de fondos que les corresponden por ley.
  • “Pisar” el espectro radioeléctrico sin habilitar las frecuencias ya adjudicadas por la gestión anterior –por ejemplo al diario Perfil, al Sindicato Argentino de Televisión o a Barricada TV– y abrir simultáneamente el juego hacia las telefónicas y los oligopolios audiovisuales para transferencias y fusiones.
  • Intervenir de facto a los organismos de regulación y control de la comunicación audiovisual para decidir la política diaria sobre telecomunicaciones al menos hasta 2017 o 2019 (“transitoriamente, mientras elaboramos un nuevo proyecto de ley”, dicen, aunque el Congreso estará virtualmente inmovilizado por un tiempo para iniciativas progresistas).
  • Y entre otras medidas, reencasillar como “prestador TIC” a la TV por cable sacándole obligaciones, como cuotas de pantalla y producción propia. Tragarse este sapo en el futuro implicaría, si se reencuadran sus aporte tributarios, una desastrosa desfinanciación de todo el sistema de recursos específicos para fomentar la producción de cine, TV, los proyectos especiales FOMECA, incluida la desfinanciación de los institutos del teatro y de la música y la Defensoría del Público, entre otros.

Las estrategias

Ante estas situaciones, cabría en primera instancia revisar si la automatizada confianza en el Estado como garante de los derechos conquistados resulte conducente a la hora de reivindicar lo que no fue quitado por la razón, sino por la fuerza al límite de cualquier discrecionalidad democrática. El Ejecutivo parece asumir que los procesos administrativos o judiciales y las denuncias ante organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) molestan pero no interrumpen.

Así como el desdén oficial y las acciones reactivas contra los tarifazos llevaron al oficialismo a recalcular estrategias, seguramente suceda algo similar con algunas iniciativas que prosperen respecto de las barbaridades político-técnicas promulgadas por Macri. Pero eso será en el mediano plazo.

Reencasillar como “prestador TIC” a la TV por cable, sacándole obligaciones como cuotas de pantalla y producción propia, implicaría en el futuro una desastrosa desfinanciación de todo el sistema de recursos específicos para fomentar la producción de cine, TV, los proyectos especiales FOMECA,  los institutos del teatro y de la música y la Defensoría del Público, entre otros.

Alternatividad en las relaciones de producción, circulación y consumo comunicacional, y organización multisectorial parecen ser actitudes vitales de supervivencia y resistencia ante una gestión perversa de las decisiones y los recursos del Estado.

El primer semestre encontró a diversos actores del “campo nacional y popular” enfrascados en resolver cuestiones primarias: un permanente “recuento de bajas” y revisión de recursos disponibles y nuevos costos a enfrentar; la renegociación de paritarias y la salvaguarda de fuentes de trabajo en los sindicatos del sector; para los medios alternativos, populares y comunitarios, la revisión de las relaciones sociales, voluntarias y solidarias para apechugar el ajuste feroz desde la política y el bolsillo.

Mientras tanto, las “organizaciones de organizaciones” como la Coalición por una Comunicación Democrática, la conformada Multisectorial por la Ficción Nacional, Interredes, RedCom, Comunicacción, entre otras, revisan las formas de recuperar la iniciativa “del sentido común de las políticas” en medio del vendaval.

Salir de los frascos de cada cual, aún astillados por los remezones, y fortalecer organizaciones conducentes para un proyecto de mayorías desde una trabajosa horizontalidad, son movimientos esperables para lo que resta de 2016, aunque la paciencia y los esfuerzos vinculares no tendrán visibilidad mediática ni centralidad en la agenda pública.

* Docente e investigador en políticas de comunicación UBA - UNDAV - Asesor en Cámara de Diputados (Dip. Liliana Mazure)

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