Perú: La resistencia ciudadana frente a la vuelta de Fujimori

El capítulo más oscuro de la historia peruana y una ciudadanía que reclama un país digno y con memoria en la víspera eleccionaria.

Por Colectivo No a Keiko - Argentina

Corría el 24 de marzo de 1992, cuando Susana Higuchi, esposa de Alberto Fujimori, madre de Keiko y hasta 1994 primera dama del Perú, denunciaba a la familia Fujimori, principalmente a los hermanos del ex presidente, de vender ropa donada procedente del Japón. Por esto y a modo de venganza, Higuchi fue sometida a terribles torturas con shocks eléctricos en los sótanos del Servicio de Inteligencia Nacional, lugar donde se acostumbraba torturar a "enemigos" del régimen fujimorista. Tras este oscuro episodio, la pareja presidencial se divorció y asumió como primera dama Keiko Fujimori, la hija mayor del presidente. Higuchi quedaría expuesta ante los medios de comunicación, comprados y manejados por el gobierno, como una mujer con serios problemas psiquiátricos.

Keiko, actual candidata a presidenta, fue la primera dama del gobierno más corrupto que tuvo el Perú. Se mantuvo en el cargo hasta el año 2000, cuando empezaron a destaparse una serie de terribles actos de corrupción del gobierno de su padre. Alberto Fujimori huiría del país en dirección a Japón y desde allí renunciaría a la presidencia vía fax.

Desde 2006, Keiko ha sido congresista por el partido político que lideró su padre, partido al que más de una vez cambiaron de nombre pero que en esencia representó y representa al fujimorismo. Y hasta la fecha, ha desempeñado una muy pobre labor congresal. En los últimos cinco años acumuló 500 ausencias y cobró más de 300 mil dólares.

A lo largo de estos años, diferentes congresistas de su bancada, personajes muy ligados a su partido e inclusive algunos familiares, se han visto implicados en casos de corrupción, estafa, abuso de autoridad y, tanto en su campaña presidencial de 2011 como en la actual, casos de narcotráfico y lavado de dinero han rondado su candidatura y el financiamiento de la misma. Hace pocos días, la DEA confirmó que investiga una grabación encubierta en la que el secretario general de su partido, Fuerza Popular, afirmaría haber lavado 15 millones de dólares por indicación de Keiko.
Ilustracion Alvaro Portales: Fujimori

La sombra de su padre

Homicidio calificado, secuestro agravado y lesiones graves son los delitos, por los que, en 2009, el ex presidente y dictador Alberto Fujimori, fue condenado a 25 años de prisión. Condena configurada como crímenes de lesa humanidad por los casos del secuestro y asesinato de un profesor y nueve estudiantes de la Universidad La Cantuta, y la matanza de quince personas -incluido un niño de 8 años- en una fiesta en Barrios Altos, distrito del centro de Lima. En ambos casos se creyó “erróneamente”, según alegan, que se estaba ejecutando a miembros del grupo terrorista Sendero Luminoso. La condena también incluyó el secuestro del periodista opositor Gustavo Gorriti y del empresario Samuel Dyer. Estos hechos tuvieron como autores materiales a los miembros del tristemente célebre Grupo Colina, comando paramilitar liderado y dirigido por el mismo ex presidente y su asesor y mano derecha Vladimiro Montesinos. Fujimori cumple condena por algunos delitos más, como el de peculado, usurpación de funciones y corrupción (espionaje telefónico, pago a medios de comunicación y compra de congresistas)

Manifiesto del Colectivo No a Keiko

Violaron nuestros derechos humanos. Nos persiguieron, nos torturaron, nos esterilizaron en contra de nuestra voluntad, nos desaparecieron y nos asesinaron. Éramos amas de casa, estudiantes, profesores, dirigentes sindicales, periodistas, políticos, ciudadanos y ciudadanas. Atropellaron nuestros derechos laborales, eliminaron nuestros sindicatos, privatizaron nuestra jubilación y la precarización laboral aumentó nuestra pobreza. Robaron al Estado. Fue el gobierno más corrupto de nuestra historia. Alberto Fujimori saqueó US$ 6 mil millones de las arcas del Estado. El fujimorismo robó y la pobreza se incrementó en 10 puntos durante este periodo. Anularon nuestras instituciones democráticas. Militarizaron la sociedad, atacaron la libertad de expresión e información, compraron los medios de comunicación y eliminaron a los medios opositores al régimen. Nos impusieron el miedo, nos impusieron la despolitización, quisieron embrutecernos.

Bajo la bandera del manifiesto que antecede, suerte de ejercicio de memoria de lo que significó el fujimorismo en el Perú, un grupo de peruanos residentes en Argentina nos autoconvocamos para que, aún lejos de nuestro país, formemos parte de este gran colectivo ciudadano, llamado No a Keiko, el mismo que nació en el Perú y que tiene como principal objetivo derrotar al fujimorismo por considerarlo el régimen más nefasto de nuestra historia.

Por segunda vez, los peruanos nos encontramos ante el mismo panorama. Cuando en 2011 Keiko Fujimori, la hija mayor del ex presidente Alberto Fujimori, llegó a una segunda vuelta en elecciones presidenciales, grandes movilizaciones de rechazo en el Perú y en diferentes partes del mundo dejaron en evidencia las múltiples razones por las que el gobierno de su padre fue el episodio más oscuro al que no queremos regresar. Cinco años después, la historia parece repetirse. Cinco años después, tenemos más motivos para gritar: ¡No al fujimorismo!

Colectivo No a Keiko!


Sin embargo, hay una serie de crímenes y delitos investigados y comprobados que pesan sobre el ex presidente y por los cuales aún no existe condena, tal es el caso de las más de 300 mil mujeres y 20 mil hombres que fueron engañados o forzados a ser esterilizados, como parte de una política de Estado que buscaba el control de la natalidad. En esta inhumana práctica murieron 18 mujeres y miles de ellas, en su mayoría campesinas y campesinos quechuahablantes, quedaron con graves secuelas. Se estima, además, que durante el fujimorismo desaparecieron alrededor de 10 mil personas.

Comprobado está también que el gobierno de Alberto Fujimori robó 6.000 millones de dólares del Estado peruano y generó en el país una pobreza que al final de su mandato llegaba al 54% de la población.

Keiko Fujimori no puede escapar de la oscura sombra de su padre. No puede, porque ella fue parte de ese nefasto gobierno. No puede, porque ella estudió en el extranjero con dinero robado de las arcas del Estado. No puede, porque sigue rodeada de la misma gente que rodeó a su padre y continúa realizando las mismas prácticas mafiosas que caracterizaron al fujimorismo.

Existe aún un velo que cubre las terribles consecuencias que dejó este régimen en el Perú y que podría volver a dejar en caso de que volviera a gobernarlo. No todos los peruanos tienen la información verdadera, se han encargado de ocultarla, distorsionarla y enmarañarla.
Pero cada vez más peruanos, en el Perú y en diferentes partes del mundo, nos estamos uniendo, tal vez como pocas veces lo hicimos. Hubo la histórica Marcha de los Cuatro Suyos en 2000, cuando el pueblo salió a defender la democracia ante el escandaloso fraude electoral que privilegiaría a Fujimori con una re-re-reelección presidencial. Hubieron las marchas No a Keiko en 2011. Y la más reciente, el 5 de abril de 2016, que, con motivo de conmemorarse el autogolpe con el que Fujimori cerró el Congreso de la República en 1992, peruanos en el mundo salieron a levantar una única voz: ¡Keiko no va!

Con la misma fuerza, este 31 de mayo y a una semana del ballotage que definirá a nuestro próximo presidente, los peruanos que aspiramos a un Perú digno y justo, saldremos nuevamente a las calles. En Argentina, lo haremos desde la emblemática Plaza de Mayo a partir de las 18. Queremos que en esta recta final y decisiva nos acompañen todos, nuestros hermanos latinoamericanos y de otras latitudes, porque queremos que se escuche hasta el Perú: ¡Fujimori Nunca Más!

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