Avenida lucha contra el femicidio

Vivas nos queremos

La activista María Luisa Peralta revela cómo se solapa el discurso machista sobre los cuerpos de lesbianas, travas y trans.

Por María Luisa Peralta* - Especial para La Hilacha

Con los ecos de una nueva movilización Ni una menos todavía resonando en muchas ciudades del país, quisiera hacer un comentario desde la mirada de una militante lesbiana del movimiento GLTB sobre la forma en que las personas de este colectivo nos plantamos frente al concepto de femicidio y cómo nos insertamos en estas manifestaciones multitudinarias y en sus consignas.

¿Femicidio entre lesbianas?

Hace pocos días circuló la noticia de que en Chile una lesbiana había asesinado a su pareja y que sería el primer caso en que la figura de femicidio se aplicaba a una lesbiana –femicidio homosexual, decía el diario–. La noticia señala que “La ley [chilena] sanciona como autora del delito de femicidio a la persona que mate a su conviviente mujer, sin especificar el sexo de quien agrede”. Un ejemplo clarísimo de cómo las conquistas de colectivos oprimidos pueden ser neutralizadas o usadas en su contra.

La transmisoginia, es decir, el odio y desprecio a las feminidades encarnadas por las personas trans, es una forma de la misoginia y por lo tanto no confrontarla favorece la persistencia de un clima social machista y violento

El concepto de femicidio no se cierra sobre el género de la asesinada, sino que fundamentalmente da cuenta de una estructura social. Diana Maffía lo dice con claridad: “la violencia de género se define por las relaciones desiguales de poder que subordinan a las mujeres, y las relaciones patriarcales que hacen de las mujeres (y los hijos e hijas) propiedad de los varones y responsables del cuidado y los trabajos domésticos. Cuando una mujer se rebela a ese lugar, la respuesta es la amenaza, la violencia y la muerte. […] El concepto de ‘Femicidio’ es el tenebroso final de esa escalada de violencia.”

Lo que importa es dar cuenta de los privilegios que tienen los hombres y de la validación social, cultural y legal que los ampara para ejercer formas de violencia contra las mujeres. Las lesbianas, por el contrario, no tenemos ninguno de esos privilegios. Somos un grupo expuesto a todo tipo de violencias, desde las simbólicas a las físicas, yendo desde la discriminación laboral al asesinato. Usar el concepto de femicidio para juzgar a una lesbiana que mató a su pareja es por un lado una muestra de lesbofobia, y por el otro una forma más de ir vaciando de contenido un concepto enunciado desde el saber y la praxis feminista, con la clara intención de volverlo inútil.

Sin las travas no hay Ni una menos

En octubre de 2015 fue asesinada la militante travesti Diana Sacayán. Diana había participado de la concentración Ni una menos de ese año, llevando carteles que hablaban del travesticidio. Quería dar visibilidad a la violencia que sufren las compañeras travestis, y que fuera a la vez englobada dentro de los crímenes por violencia de género pero que mantienen su singularidad.

Las dinámicas sociales por las cuales las travestis son víctimas de violencia, llegando al extremo del asesinato, tienen zonas en común con los femicidios pero tienen también características propias. Es necesario visibilizar eso y lograr el respeto a las identidades trans, en este caso el respeto a la identidad travesti y a las mujeres trans: todavía hoy, en un país pionero en el mundo por su ley de identidad de género, diarios de tirada nacional cubren las noticias de travesticidios y transfemicidios –un término preferido por algunas mujeres trans– al referirse a las víctimas en masculino, y replican así la violencia incluso después de sus muertes.

Diana Sacayan

La transmisoginia, es decir, el odio y desprecio a las feminidades encarnadas por las personas trans, es una forma de la misoginia y por lo tanto no confrontarla favorece la persistencia de un clima social machista y violento, y fortalece el sistema de opresión patriarcal. La combinación de transfobia y misoginia es mortal, se sigue cobrando vidas de mujeres trans y travestis: ocho en lo que va de este año.

“Ni unx menos. Vivxs nos queremos”

Se supone que esta forma de enunciación de la consigna fue ideada por parte de algunos sectores del movimiento GLTB para dar cuenta de que el machismo patriarcal también produce violencia y muerte de otras subalternidades, que no son mujeres cisgénero –es decir, las personas cuya vivencia interna de su identidad de género, su autopercepción, es más o menos coincidente con el género asignado al nacer. Esto no significa que estén cómodxs con el rol social asignado a su género, pero esa incomodidad, que es uno de los orígenes del feminismo, pueden sentirla tanto personas cis como transgénero.

Sin embargo, creo que estxs compañerxs se equivocan. Me parece que no están dadas la condiciones para introducir esa consigna porque puede ser muy rápidamente apropiada para neutralizar la fuerza del reclamo original: es permanente la reacción de hombres, tanto machistas recalcitrantes como progresistas, que tratan de aligerar el planteo al decir que sus vidas también valen, que no son todos iguales, que habría que estar contra todos los asesinatos y violencias, que ninguna muerte es justificable, etc. Nadie está hablando de que unas vidas valgan más que otras para quienes gritan Ni una menos, sino que unas vidas valen más que otras en una sociedad patriarcal y misógina –y racista y clasista también.

Decir Ni unx menos da lugar a que el análisis y la denuncia específica de cómo y por qué son asesinadas las mujeres en una sociedad queden totalmente diluidos en una gestualidad que no dice finalmente nada. Peor aún: al imposibilitar el análisis, eliminan la posibilidad de proponer medidas efectivas y adecuadas para las necesidades de las mujeres.

* Bióloga, militante lesbiana y madre en comaternidad.

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