La plaza testigo

Una reflexión sobre la manifestación en la Plaza Congreso en contra de la derogación de la Ley Cerrojo y el acuerdo con los fondos buitre.

Por Redacción La Hilacha

Al cierre de esta nota, el debate en la Cámara Baja sobre la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano, que reclama el juez Thomas Griesa para avalar el acuerdo con los fondos buitre, todavía no ha terminado. Quienes ocupan la Plaza Congreso, frente al edificio, desde la tarde, no saben el desenlace de la votación, pero lo sospechan. Es posible que lo previeran incluso antes de llegar hasta allí. Y lo confirman a medida que se suceden los discursos que siguen desde afuera y que, seguramente, terminarán a la madrugada.

El clima de esta plaza, a diferencia de otras, no es de efervescencia, ni de expectativa, ni siquiera de esperanza sostenida en la posibilidad de torcer el curso de la historia. Tampoco es de derrota. Se trata más bien de una plaza testigo, reunida al solo efecto de que se sepa que lo que ocurre en el recinto no le pasa inadvertido.

No es una plaza para el presente, es para las futuras generaciones, las que seguirán pagando esta deuda. Para decirles, de algún modo, que estuvo allí y que, aun cuando la batalla estaba perdida, dio pelea lo mismo.

Y también es una plaza para los de adentro. Para hacerles saber que no renuncia, que los está viendo, que una porción del pueblo –resumido en banderas que van desde la izquierda dura hasta sectores del peronismo más variopinto, pasando por agrupaciones sociales, barriales, sindicales e inorgánicos– no olvidará esta afrenta. Y tampoco olvidará sus caras.

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