Voto

¿El fin del cuarto oscuro?

Denostado por unos y ensalzado por otros, el voto electrónico sigue generando controversias y sospechas sobre su vulnerabilidad.

Por Gonzalo Villanueva

El voto electrónico no está instalado en la agenda de los medios. Sin embargo, algunos especialistas sostienen que es muy posible que el año que viene votemos con máquinas.

El gobierno está llevando este tema con cierta celeridad. Cambia un sistema que nació en 1912 con la Ley Sáenz Peña, que garantizó el sufragio universal, secreto y obligatorio, por otro donde una máquina será la intermediaria entre el ciudadano y su voto.

Entre los argumentos que sostienen los que defienden este sistema, está que acelera el proceso y se evita el robo de boletas. Pero, ¿hay algo para perder? ¿Por qué un grupo de especialistas que no pertenecen a ninguna fuerza política advierte los peligros de su implementación?

Javier Smaldone, especialista en informática, consultor y programador, afirma que una de las principales preocupaciones de los expertos y de una parte del arco político es que el sistema de voto electrónico puede violar el secreto del voto, entre otras posibles irregularidades.

El procedimiento para votar electrónicamente es bastante sencillo. El ciudadano se acerca a la mesa de votación donde le dan una boleta y, al igual que en el actual sistema, hay un presidente de mesa y fiscales de cada uno de los partidos.

Esta boleta es una tira de papel que contiene un chip electrónico. Ese chip se graba a través de ondas de radio, es decir que emite emisiones electromagnéticas. La persona lleva la boleta a la máquina de votación, la introduce, aparece la oferta electoral y elige un candidato para cada cargo. El votante, ante la máquina, puede volver, editar, deshacer, corregir y, cuando esté conforme, confirmar su voto. La máquina traga la boleta de papel, imprime en uno de los lados la composición del voto, graba en ese chip lo que uno eligió y la devuelve. El votante dobla la boleta con lo impreso hacia adentro y la introduce en la urna.

“La persona no sabe lo que hay en ese chip, entonces tiene la posibilidad de acercar la boleta a la máquina [antes de depositarla en la urna] para saber si lo que grabó es lo que uno eligió. Si la máquina fuera a mentirme –explica Smaldone–, me puede decir que grabó lo que uno eligió pero por ahí grabó otra cosa”.

Si uno toma la especificación del modelo del chip que se utilizó en las boletas de las elecciones porteñas y vamos a la página del fabricante de esos dispositivos (NXP), podemos encontrar sus características. Allí se puede confirmar que este chip se puede leer y grabar a 50 centímetros de distancia, “pero si le buscás la vuelta podés hacerlo en una distancia mayor. Ponele que sea un metro. Es la distancia entre el fiscal y el votante cuando pasa al lado de la mesa”, afirma el especialista. Además, en la patente que registró la empresa MSA –proveedor del servicio– que se usó en la Ciudad de Buenos Aires, se afirma que se pueden leer los votos que están dentro de la urna sin abrirla. “De esta manera, un puntero político podría pasar con un lector y saber cómo va la elección a las 15 horas en determinada mesa.”

–¿Qué otras cuestiones le objetás al sistema?

–Que cada chip tiene un número único, el cual graba una determinada opción electoral. Esto puede levantar sospechas. Por ejemplo, el presidente de mesa podría pasarse disimuladamente una boleta por el bolsillo donde tiene un celular escondido con una aplicación activada. Esta aplicación permitiría registrar las boletas en orden y sus respectivos chips. Si además voy numerando en el padrón a medida que van llegando los votantes, voy a tener quién votó y con qué chip. Este mecanismo se puede llevar a cabo con un celular o crear un dispositivo más barato que cumpla la misma función. También se pueden crear dispositivos para quemar chips, por ejemplo, adulterando la información.

Por otro lado, el chip abre la posibilidad de compra de votos a través de una simple aplicación. Una aplicación que se me ocurrió crear con la ayuda de un colega que es desarrollador de aplicaciones Android. La hizo en un par de días, publicó el código y demostró que es muy fácil de hacer. La aplicación lee el primer chip que le acerque y levanta los datos guardándolos internamente. Cuando se le acerca otro chip, lee lo que dice y compara los datos para saber si son iguales o distintos a los primeros. Dos votos iguales, de la misma manera que sucedió el año pasado, se ven iguales. Dos votos distintos se ven distintos. La aplicación solo compara.

–¿Cómo sería en la práctica?

–El puntero va y vota a su partido. Pasa el chip por el bolsillo donde tiene el celular escondido con la aplicación activada y la aplicación ya aprendió cuál es el color de mi partido. Después de votar, le paso el teléfono a otro votante y le digo: “Votá, pasate el chip (la boleta) por el bolsillo y la aplicación me va a decir si el voto es igual al mío o no para pagarte”.

Antes de las elecciones en la Ciudad de Buenos aires, Smaldone realizó un video con dibujos para advertir a la población, sin dar detalles para que nadie lo haga. Después de las elecciones, publicó la aplicación con el código fuente para que todos se lo bajasen y vieran cómo funcionaba.

–A la cuestión del secreto también se le suma la del multivoto (la incorporación de más de un voto por chip). ¿Se solucionó esta deficiencia?

–Sí. En las últimas elecciones hubo comunas donde se contabilizaron más votos que votantes, pero se arregló. Pero si yo quiero inflar la urna con votos, te grabo la cantidad de votos que yo quiero. Hay formas para que la máquina grabe diez votos más con un celular y el acta me va a dar consistente y limpia. O imprimir diez boletas y pasarlas por la urna. Eso de que con este sistema no se necesitan fiscales es un mito. Se necesita tener fiscales y estar atento a otras cosas.

–¿Hay un sistema electrónico inviolable?

–La única computadora segura es la que está apagada y enterrada en un pozo de 20 metros cubierta por plomo. No es ciencia ficción. Estados Unidos, por ejemplo, sigue con conteo y transmisión electrónica en algunos estados, pero tiene temor a los ataques informáticos de Rusia, China, Irán o internos. El mismo director de la CIA dijo que no se podía garantizar que no pase nada.

Para esto se utiliza el concepto de transparencia. No hay nada más opaco que haya sido creado por el ser humano que un sistema informático. Yo soy programador y estoy investigando sobre el voto electrónico hace ocho años. Si a mí me ponen una computadora para votar, yo no sé qué hace, qué no hace o qué le permite hacer a un tercero.

–¿Existe alguna ventaja?

–Podemos ganar rapidez y limpieza en la confección del acta, es decir que no va a haber problemas para identificar un número que no está claro porque el presidente de mesa tiene mala letra. En ese sentido se eliminan algunos problemas.

También se termina el robo de boletas. Como ya no hay boletas en el cuarto oscuro sino que me dan una en la mesa y la oferta electoral me la muestra la computadora, no hay posibilidades de que haya algunas truchas, otras marcadas, u otros mecanismos.

Sin embargo, el sistema más recomendado es la Boleta Única, el cual es utilizado por la mayoría de los países y soluciona estos dos problemas. Es un papel con el que el votante elige la opción electoral con una marca –una cruz o una tilde, por ejemplo– dentro de uno de los casilleros en blanco y lo deposita en la urna. Luego, esa boleta se pasaría por un lector de marcas, el cual las reconoce y va sumando las opciones. Este lector de marcas es un prototipo creado en Córdoba que tiene un cien por ciento de efectividad y sería el único momento donde se utilizaría el sistema informático. Teniendo en cuenta esto, con la Boleta Única no solo se terminaría con el robo de boletas, sino que también aceleraría el proceso electoral empleando otros medios electrónicos sin necesidad de recurrir a máquinas de votación. Con la Boleta Única Electrónica hay otros problemas adicionales que son los que ya mencioné. El secreto del voto es uno de ellos.

Hay solo tres países que utilizan este sistema a nivel nacional: India, Brasil y Venezuela. Mientras tanto, países que son mostrados como modelos a seguir por el gobierno nacional, como Alemania, Holanda, Irlanda y Reino Unido, lo están abandonando porque han descubierto que es vulnerable.

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