Primera marcha de las madres. Lucha por los derechos humanos

Olvido y Perdón

Los derechos humanos son “un curro”, Hebe es una señora “desquiciada” y Etchecolatz podría volver a casa. La fiscal Sosti explica el judicial clima de época.

Por Camila García

Hace unos días, el presidente Mauricio Macri alegó en una entrevista al medio estadounidense BuzzFeed no conocer la cifra de desaparecidos en la Argentina durante la última dictadura cívico-militar y sostuvo que es una discusión “que no tiene sentido”. Se refirió al terrorismo de Estado como una “guerra sucia” y calificó a la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, de “desquiciada”.

Gabriela Sosti es fiscal en los juicios por delitos de lesa humanidad. En su trabajo se involucró con aquellos cometidos en los centros clandestinos de detención y tortura Atlético, Banco y Olimpo; y en Vesubio, para condenar a los responsables del accionar de las tareas de inteligencia que realizó el Batallón 601.

¿Cómo influyó la política en el desarrollo de estos juicios?

Hay una creencia en la sociedad de que estos juicios están a cargo del Poder Ejecutivo y esto no es así. El Poder Ejecutivo en determinado momento generó un impulso político que fue fundamental, pero el responsable de que estos juicios se lleven a cabo es el Poder Judicial. Lo que habilita estos juicios es un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que declaró inconstitucional las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en una coyuntura particular con un contexto propicio. Sin ese fallo, los juicios nunca habrían sido posibles.

Los jueces se van empoderando, uno se anima y se van animando todos. Como ahora se están animando a lo contrario, avalando las prisiones domiciliarias. La realidad es que muchos jueces sienten que están juzgando a sus pares, y eso hace que el proceso sea más complicado.

¿Qué faltó para que la causa de derechos humanos sea una deuda saldada para la sociedad? ¿Por qué hoy se vuelve a hablar de “guerra sucia” al referirse a la dictadura militar?

A nivel del discurso vuelven dudas que ya estaban saldadas, como la teoría de los dos demonios. Esto vuelve porque cualquier conquista social hay que sostenerla, uno no se puede dormir en los laureles porque nunca está la vaca atada, la derecha siempre está aletargada y la historia en nuestro país es cíclica. Lo que estamos viviendo hoy es un retorno del Plan Cóndor y sus creencias.

El verdadero valor de los juicios es poder ver qué pasó con la historia y cuál fue el origen de esa masacre, condenar al gendarme que torturó en un centro clandestino es importante, pero lo importante también es saber quiénes fueron los beneficiarios de ese plan genocida. Lo significativo de estos juicios de cara a la sociedad es que se lea la historia, por eso creo que después de diez años de estar juzgando a represores de centros clandestinos, es hora de juzgar a los organizadores y la inteligencia del terrorismo de Estado enmarcado desde el Plan Cóndor.

Las cifras de la lentitud

  • 539 causas abiertas:
    • 46% en instrucción (etapa inicial)
    • 30% con sentencia
    • 16% con elevación a juicio
    • 20% en juicio
    • 30% de los condenados tiene condena firme
  • 2.436 imputados:
    • 28% condenados (el 54% está en prisiones comunes y el 44% con arresto domiciliario)
    • 13% muertos (395 fallecidos)
    • 2% prófugos (48 desaparecieron)
    • 8% imputados
    • 1,5% con indagatoria
    • 2% sobreseídos
    • 6% con falta de mérito
    • 35% procesados
    • 3% absueltos
  • 163 sentencias firmes (2006-2016)
  • 9 sentencias firmes en 2016
  • 846 procesados

Fuente: Ministerio Público Fiscal.

¿Qué recursos tiene el Estado para hacer que se estanquen los juicios?

¿Efectivos? Ninguno. ¿De lobby? Todos. La Secretaría de Derechos Humanos está desmantelada, en los últimos doce años allí se nucleaba la información, los archivos, y el acceso para nosotros, los fiscales, era pleno. Hoy en día no se sabe dónde están los archivos que no están inventariados. Otro ejemplo es el archivo del Banco Central de la República Argentina, que tiene información valiosa sobre el manejo económico-financiero durante la dictadura cuando Martínez de Hoz manejaba la economía argentina. Había una Comisión de Derechos Humanos dentro del Banco Central que se dedicó a relevar esa información para las causas judiciales: hoy ese sector está desarticulado. Lo mismo pasa con el Ministerio de Defensa, que tiene el legajo de todas las Fuerzas Armadas. Durante la gestión de Nilda Garré se logró que esa información no desapareciera, y así y todo desaparece. A veces me vienen legajos con hojas arrancadas. Todo eso, que sí dependía del Poder Ejecutivo, se está desarticulando.

Otro ejemplo es el Centro Ulloa, que es un centro que contenía psicológicamente a las víctimas del terrorismo de Estado, efectivizando una reparación no solo económica sino también psicológica y emocional. Eso tiene una dimensión de acomodamiento del dolor invaluable. Actualmente ese programa no solo está desfinanciado sino que se amplió su protocolo e incluso existe una intención de que esos psicólogos traten también a los hijos o familiares de las “víctimas de la guerrilla”.

Todo esto demuestra que hoy la dinámica política es muy diferente con respecto a ocho meses atrás, porque de lo que se trata es de hacer un quiebre simbólico.

Por eso el sostenimiento de estas causas es a fuerza de militancia. Hay que volver a militar los juicios y volver a poblar las salas de audiencia, hay que decirles a estos jueces burgueses que del otro lado hay un pueblo y una sociedad interesada en su historia. Asimismo, la sociedad tiene que enterarse cómo fallan estos jueces.

¿Qué cree que le faltó al kirchnerismo para poder institucionalizar los derechos humanos y que no suceda el retroceso judicial que se está viviendo hoy?

Yo creo que uno de los problemas fue la hiperinstitucionalización. Porque institucionalizar implica entrar en la vorágine burocrática, en la maquinaria devoradora de la burocracia y es muy difícil trabajar de esa manera. Las causas de derechos humanos fueron devoradas por la burocracia. En la Secretaría de Derechos Humanos había una cantidad de gente empleada tremenda, y eso no está mal, siempre y cuando los trabajadores que ocupen esos puestos sean los que más trabajan. En este sentido considero que hubo mucho refugio político en estas estructuras, ocupadas por una cantidad de sectores que les interesaba más apropiarse del lugar de poder que delinear una política de Estado en torno a los derechos humanos.

Otro problema es que una gran parte de la sociedad todavía no se hace cargo de la historia, no se la lee, no se la conoce, no se la utiliza para establecer estrategias, pronósticos. Porque no es solo que Macri sea presidente, sino lo que significa que Macri presida nuestro país: él representa un sector económico-financiero de la sociedad argentina, por ende sus objetivos siempre estuvieron a la vista. La negación de esa historia es imperdonable, y más en un militante.

Por último, esta creencia de que en la sociedad hay un espacio simbólico ya ganado es una mentira, nunca se gana ningún espacio simbólico. Esos espacios hay que pelearlos y la militancia no puede desconocer lo que le pasa al movimiento popular en la Argentina, y creo que nunca se asumió la responsabilidad de pensar la justicia social en términos globales.

La solución es la militancia con instituciones intermedias, y el Estado tendría que haberse valido de estas instituciones intermedias para dar a conocer lo que estaba sucediendo con estos juicios. Yo en todos estos años que tengo como fiscal nunca vi a ningún colectivo político viniendo a los juicios, ni el peronismo ni la izquierda. Lo que perdió de vista esta generación es creer que la deuda de los derechos humanos era una deuda saldada que la sociedad entera iba a defender.

Las banderas no están todo el tiempo levantadas, cada tanto se caen y cuando se caen hay que acomodarlas y creo que este es un momento para eso. La historia de nuestro país es la historia de la resistencia... ¿cómo no vamos a poder con esto? Vivimos cosas peores. Por eso creo que el laburo de la militancia es la resistencia y cuando están en el poder tienen el deber de ser los más éticos, los más honestos, los más efectivos, los más excelentes, y para eso hay que formarse políticamente.

Hay un músculo que está activo, y eso se vio en la multitud que acompañó a Hebe la semana pasada y ayer a las Madres, en el aniversario de las 2.000 rondas. Nuestros gimnasios son las calles y las calles hay que activarlas todo el tiempo.

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