“Parte de la sociedad se quedó sin voz pública”

Daniel Rosso nos explica cómo funciona la relación entre medios y espacio público a partir del desconocimiento de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual

Hagamos un ejercicio de memoria reciente: el 10 de diciembre del 2015 asumió en el gobierno nacional el ingeniero Mauricio Macri, luego de haber obtenido una ajustada ventaja en el balotaje de fines de noviembre. Una de las primeras medidas que tomó el nuevo equipo fue la eliminación por decreto de los consejos directivos de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y de la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASTIC), entes autárquicos que regulaban la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y de la Ley Argentina Digital. No solo no se respetaron los mandatos de los integrantes de dichos directorios sino que, a través de otro decreto, se constituyó un nuevo ente (ENACOM), dependiente también de un flamante Ministerio de Comunicación.

Ante un panorama de total avasallamiento de las normas jurídicas aprobadas por el Congreso de la Nación y de las normas constitucionales que entienden la comunicación como un derecho humano y no como una mercancía, los comunicadores de medios comunitarios, sindicatos, trabajadores de prensa y académicos de todo el país entraron en plan de alerta y comenzaron a generar acciones que tendieran a recuperar la capacidad organizativa de dichos actores sociales y las líneas concretas de intervención en el espacio público.

El encuentro de ComunicAcción que se realizó el pasado 20 de febrero en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el Congreso Nacional de la Coalición por una Comunicación Democrática del 3 de marzo último deben leerse en dichas coordenadas como una respuesta rápida y atenta a las políticas monopólicas que promueve y facilita el macrismo.

Para hablar del escenario comunicacional actual y de los márgenes de acción que recupera la sociedad civil para intervenir en él, La Hilacha conversó con el sociólogo y referente de la comunicación política Daniel Rosso, ex subsecretario de Medios de la Nación, autor de Máquinas de captura. Los medios concentrados en tiempos del kirchnerismo y promotor de este tipo de iniciativas.

¿Qué balance hacés del encuentro de ComunicAcción y de la cantidad de gente que allí se presentó?

En primer lugar detectamos un vacío. Y cuando en la sociedad civil se detectan estos procesos de vaciamiento por parte de algunas políticas o acciones, es lógico que este tipo de propuestas generen una amplia convocatoria. De hecho acudieron más de mil personas a un espacio que se organizó en solo tres semanas. Pero también es importante señalar que somos conscientes de que no hay una sola palabra, sino que es necesario reconocer que hay múltiples palabras. Hay una gran diversidad, una gran heterogeneidad de voces. En ese sentido no podemos partir de síntesis de origen sino que en todo caso el desafío ahora es tomar ese conjunto de voces heterogéneas y transformarlo en una especie de conclusiones abiertas para sacar de ahí un plan de acción para el futuro.

Daniel Rosso, ex subsecretario de Medios de la Nación.

Daniel Rosso, ex subsecretario de Medios de la Nación.

¿Cuáles creés que fueron las principales demandas de estos sectores tan heterogéneos?

Si partimos de la idea de que existe una “grieta”, como lo afirma el actual gobierno y sus principales voceros, y que la sociedad está partida en dos, la particularidad a la que asistimos es que una de las partes de esa grieta tiene prácticamente el 90% de los medios a favor y la otra parte tiene un sistema minoritario que además, como era un sistema muy dependiente del Estado, está en proceso de disgregación y de crisis. Por lo cual habría una parte de la sociedad que se quedó sin voz pública. O con una voz pública muy chiquita. Una de las principales demandas expresadas de modo diverso es ver cómo se construye un sistema de voces amplio que pueda organizar esa dispersión y de ese modo participar en el debate público.

¿Cómo debe leerse el debate acerca de la LSCA en ese contexto?

El debate de la LSCA va en el mismo sentido. La ley planteaba que el espacio público no puede estar solo en manos de las mediaciones privadas concentradas (llámese Grupo Clarín o la actual fusión en ciernes entre Clarín y Telecom) que intervinieran entre los que hablan y la sociedad, sino que tenían que existir otro tipo de mediaciones (comunitarias, de medianas y pequeñas empresas, cooperativas, universitarias, de pueblos originarios, etc.), de tal modo que la esfera pública en el planteo de la ley era una escena con mediaciones de distinto tipo, donde efectivamente estaba el capital concentrado pero también convivían otros actores que garantizaban pluralidad de miradas desde diversos sectores.

El proceso de implementación de la ley logró que algunas cosas avanzaran pero también es cierto que faltó tiempo, e incluso decisión política, para llevar a fondo esas políticas. Entonces el escenario actual se presenta, por un lado, como un sistema de medios concentrados liberados para que se concentren cada vez más, en un escenario de convergencia tecnológica que además facilita los procesos de concentración, y, por el otro lado, tenemos estrategias de desarrollo de los medios comunitarios, universitarios y de las medianas empresas sin sostén del Estado. De ahí que desde la Coalición por una Comunicación Democrática (CCD) se planteen los nuevos 21 puntos para poder intervenir en la discusión de cómo se lleva a cabo el nuevo proceso de convergencia tecnológica y cómo se defiende ahí adentro este tipo de mediaciones que no son las del capital concentrado.

¿Qué rol le cabe entonces a los sujetos políticos que han quedado por fuera del Estado, pero con vocación de intervención en la vida social del país?

Desde la sociedad civil hay que tener políticas para desarrollar a estos sectores lo más posible y si el sistema dominante tiende a la concentración, lo que no puede pasar es que el sistema subalterno siga disperso. En todo caso hay una doble tarea: por un lado, buscar los mecanismos para incidir de modo tal que ese proceso de concentración no se dé de modo tan acelerado sin regulaciones, pero también generar acciones para que el sistema subalterno no siga con este grado de dispersión. Es necesario implementar políticas de red. Una idea en la que estamos trabajando es generar campañas sobre temas puntuales que permitan hacer que funcionen en sistema los medios que hoy están dispersos, y otras políticas que se irán haciendo también a partir del relevamiento de las líneas de acción que fueron sugeridas en el encuentro del 20F.

Nosotros funcionamos, en esta fase, como facilitadores del encuentro. Este proceso de dispersión no admite hoy, y está bien que así sea, liderazgos inmediatos. Es un proceso horizontal, con fuerzas equilibradas donde es muy difícil que los distintos sectores se pongan de acuerdo acerca de quién lidera verticalmente ese proceso. Toda aparición de liderazgos impone algo de verticalidad. En esta etapa esto funciona como un proceso de horizontalidad muy grande y nosotros nos ubicamos dentro de esa horizontalidad.

¿Cuáles son las perspectivas en el mediano y largo plazo?

Personalmente, le veo mucha perspectiva a este tipo de propuestas. Porque a veces los procesos históricos nos enfrentan con alternativas únicas: en este caso hacemos esto o no hacemos nada. No hay otra posibilidad. Perdimos los medios del Estado. La posibilidad de intervenir de modo decisivo en los grandes medios concentrados está muy limitada, por lo cual o hacemos esto o no hacemos nada. Y la segunda opción no es, ni por asomo, una posibilidad.

El encuentro de ComunicAcción que se realizó el pasado 20 de febrero en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

El encuentro de ComunicAcción que se realizó el pasado 20 de febrero en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

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