Y un día, volvió

Cristina fue a declarar ante Bonadío. En pocas líneas, la crónica de cómo una citación mutó en un regreso épico.

Por Nicolás Alé

 

La noche anterior anticipaba el clima de ayer. La ciudad de Buenos Aires amaneció con una lluvia copiosa y constante, con gente empapada frente a los tribunales de Retiro. No era un día cualquiera: la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner debía declarar ante el juez federal Claudio Bonadío, imputada por el delito de “defraudación a la administración pública”.

Ante la citación, muchas personas provenientes de distintos lugares del país se movilizaron hacia los tribunales para apoyarla. La magnitud de la movilización se podía anticipar no solo en los micros que arribaban del interior argentino, sino también en el transporte público de la ciudad. En la línea D y sobre todo en la C, se podía advertir el ambiente en el que se iba a desarrollar la jornada. En la estación Diagonal Norte a las 8:30 se escuchaba a coro: "¡Oh, vamos a volver! ¡A volver, a volver, vamos a volver!”, un himno kirchnerista que nació el 9 de diciembre último, cuando el Frente para la Victoria comenzó, en su propio imaginario, a ser oposición.

Mientras cantaban, la lluvia no cesaba. La garúa golpeaba sobre los rostros y un mar de paraguas se dirigía hacia el edificio de Comodoro Py 2002. En un momento, la manifestación chocó contra un gran vallado armado por el Ministerio de Seguridad a cargo de Patricia Bullrich, que cercaba el perímetro delimitado por Comodoro Py, Antártida Argentina, Castillo y avenida de los Inmigrantes. La valla no impidió que los manifestantes permanecieran allí, bajo la lluvia, mientras el espacio se reducía cada vez más por la afluencia de personas.

En la estación Diagonal Norte a las 8:30 se escuchaba a coro: "¡Oh, vamos a volver! ¡A volver, a volver, vamos a volver!”, un himno kirchnerista que nació el 9 de diciembre último, cuando el Frente para la Victoria comenzó, en su propio imaginario, a ser oposición.

Después de unas horas de espera y al término de su declaración, Cristina salió aproximadamente a las 11:30 a encontrarse con la multitud. Según los cálculos policiales, había unas 50 mil almas, pero se presume que fueron más de 200 mil. Sobre un escenario montado frente al edificio donde concurren los magistrados y los fiscales, Cristina comenzó a hablar.

Justo cuando la lluvia amainó, las voces le dieron lugar a los oídos. Su discurso, a estas alturas, lo conocemos todos. Se refirió a su situación judicial, el tarifazo, la inflación, los despidos, Milagro Sala, Panamá papers, los traidores, los ataques a la libertad de expresión, Papel Prensa, y además propuso formar un frente ciudadano donde participen los militantes, los sindicatos, las organizaciones sociales y aquellas personas que se vean perjudicadas por las decisiones políticas tomadas por el actual gobierno.

Alejada de las esferas del Estado, la ex presidenta afirmó que la única responsabilidad que siente como militante política es ayudar a que sus compatriotas “vuelvan a vivir un poco mejor, que es lo que les habían prometido".

El día, que pretendía ser negro para ella, se convirtió en su regreso triunfal, casi épico. Tras meses de silencio, el oficialismo y la Justicia –su fiel servidora– le pusieron fecha a su vuelta y le dieron la oportunidad de erigirse en la figura política que pueda encarnar y conducir el desamparo popular.

En un contexto difícil para el gobierno de Mauricio Macri, con un descontento social que crece a caballo de un feroz ajuste, el retorno de CFK lo desdibujó de la escena. La figura de Cristina se recortó del fondo político que Cambiemos vació de política –cuyos líderes no tienen convocatoria ni ángel– y logró que la transmitieran en cadena nacional, incluso los canales que se empeñaron por años en esmerilarla.

El día, que pretendía ser negro para ella, se convirtió en su regreso triunfal, casi épico. Tras meses de silencio, el oficialismo y la Justicia –su fiel servidora– le pusieron fecha a su vuelta y le dieron la oportunidad de erigirse en la figura política que pueda encarnar y conducir el desamparo popular.

Cristina habló como quien se sabe diferente y asume que no puede ser ignorada. Como la líder que supo llamarse a silencio mientras crecía la expectativa por sus palabras que, cuando llegaron, fueron todo lo que se esperaba y más. Se despidió agradeciendo a aquellos que se congregaron en su apoyo, no sin antes advertir a quienes la quieren ver presa: “No tengo miedo ni les tengo miedo”.

Ni bien terminó de hablar, y como si fuese parte de la organización del evento, empezó a asomarse el sol. La manifestación comenzó a desconcentrar lentamente, con ánimos renovados y con la música del ya emblemático “Juguetes perdidos” de los Redondos de fondo.

La ex presidenta no había sido detenida. El frente ciudadano ya estaba en marcha y nadie sabe aún cómo va a continuar esta historia. Lo que ya se perfila, desde ayer, es quién será una de sus protagonistas.

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