Imagen: puño en llamas, por incendio

Cenizas en el infierno

Incendio en el Bajo Flores. El Estado volvió a mirar para otro lado, pero los vecinos tomaron el toro por las astas y cambiaron la historia.

Por Daniela Iusem

El SAME y los bomberos de la Policía Federal llegaron 30 minutos después del aviso: una eternidad en tiempos de fuego. Cuando se trata de incendios, en media hora nada queda en pie. Ni pensar en salvar a una persona. El SAME y los bomberos llegaron buscando víctimas fatales –la única forma en que los pobres se hacen visibles es cuando se convierten en cuerpos–, pero no las encontraron.

El incendio de un taller clandestino en Flores, en el que fallecieron dos hermanitos, aún está fresco en el recuerdo de los vecinos. Demasiado fresco. Y revivió cuando ayer a la tarde, esta vez en el Bajo Flores –manzana 26 por avenida Riestra–, se desató otro incendio en lo que solía ser casa de comidas, taller textil y vivienda, todo al mismo tiempo. Nada fuera de lo normal en la villa 1-11-14: hacinamiento, precariedad y emergencia.

Pero esta vez, cuando los organismos oficiales llegaron (tarde), el incendio ya había sido apagado y las dos mujeres que se encontraban en el interior del edificio en llamas, trasladadas al Hospital Piñero. La emergencia fue desactivada por los bomberos voluntarios de la villa.

El grupo de rescatistas comunitarios de la Corriente Villera Independiente ya tiene tres años y está conformado por los vecinos, demasiado acostumbrados a la indiferencia del Estado. Les había tocado actuar en inundaciones, emergencias de salud, y hasta habían asistido partos en la vía pública, pero ayer se recibieron de bomberos populares. Gracias a ellos la tragedia no fue mayor. Los rescatistas solo usaron baldes y matafuegos, y apagaron el fuego mientras el Estado sigue haciendo agua.

Desde el incendio del taller clandestino –donde aquellos nenes murieron a manos de la crueldad de quienes gerenciaban esa trampa mortal y de la complicidad de los clientes que pretenden desconocer las condiciones en las que se produce la mercadería– algo cambió. A un Estado que abandona pobres porque no entran en las cuentas se le opuso una organización vecinal que hizo la diferencia y evitó más muertes. Algo cambió, pero en la base, que es donde suceden los verdaderos cambios.

Bomberos voluntarios Bajo Flores

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