Luna de avellaneda. Los clubes de barrio en riesgo.

Clubes de barrio: todos al descenso

Mientras se anuncia una tarifa social que alcanza para caramelos, 20 mil clubes de todo el país llenos de pasado enfrentan un futuro incierto.

Por Gladys Stagno

La preocupación por los clubes de barrio saltó a las páginas de los diarios cuando el Juventud Unida de Llavallol, donde se grabó la película Luna de Avellaneda, se declaró en riesgo de cierre al recibir la factura de la luz de abril con un 300% de aumento. Como en la película, pero doce años después, en otro contexto, y sin Ricardo Darín. Cuando el gobierno nacional anunció, hace pocos días, una tarifa social salvadora, sobrevino el alivio y la preocupación desapareció de los titulares. Pero siempre hay un pero.

En Santa Fe no hay muchos clubes que tengan internet o que tengan computadora. Pero, suponiendo que todos tuviéramos y nos pudiéramos anotar, ¿cómo harían para hacer llegar los subsidios en tiempo y en forma para poder pagar las tarifas? Porque, a este paso, cuando lleguen los subsidios al término del trámite burocrático, a lo mejor nos encontramos con que la luz ya la tenemos cortada.Néstor Raúl Bianchi, dirigente.

No hizo falta rascar mucho bajo el anuncio para descubrir que la devolución del 40% prometida será solo para la luz y para aquellos clubes que completen un registro online. Ese registro, además de requerir que las instituciones dispongan de computadora e internet, pide un CUIT, que muchas no tienen. Por otro lado, para recibir el subsidio, el club en cuestión deberá estar situado en una de las provincias que adhirió a la Ley de Promoción de Clubes de Barrio y de Pueblo, y casi la mitad no lo hicieron. El resultado es que, de 20 mil clubes de barrio que existen en todo el país, solo 800 tendrán una reducción –ínfima– de la tarifa de luz. De las otras tarifas, tendrán nada.

La cifra la arriesgó el propio Esteban Bullrich, ministro de Educación y Deportes de la Nación, en una entrevista realizada por Marcelo Zlotogwiazda en Radio Del Plata, donde admitió: “Nosotros no estamos diciendo que absorbemos todo el costo del aumento, estamos haciendo una asistencia para que los clubes puedan seguir funcionando”. El asunto es que, según los propios beneficiarios, la asistencia estaría asistiendo a pocos y mal.

Como Juventud Unida, hay otros miles de clubes en riesgo de cierre. Las tarifas subieron en todos los servicios, en algunos casos, con hasta un 1000% de aumento. “Antes nos venían alrededor de 2 mil pesos bimestrales, y ahora nos vinieron 6 mil por mes. Y no solo aumentó la luz, sino el gas, el agua, que se han multiplicado por una cantidad exorbitante”. El relato es de Leonardo Pais, presidente del Club Juventud de Wilde, provincia de Buenos Aires, que tiene más de mil socios y más de 80 años de vida. Como casi todos, realiza actividades deportivas, pero también sociales y culturales para todas las edades.

Porque los clubes son para la Argentina una pieza clave del histórico entramado social de las clases medias y medias bajas. En los pueblos más pequeños y los barrios más humildes, ofician de guardería, lugar de contención, centro de evacuados, o comedor comunitario. La mayoría tiene más años que sus socios y muchos fueron fundados por los inmigrantes, quienes le imprimieron una mística comunitaria y de solidaridad. Con esa impronta crecieron y prosperaron. Pero cuando el “sinceramiento” alcanzó a los subsidios, no los tomó en cuenta.

Villa Domenico

Hecha la ley, hecha la nada

“No entendemos por qué llegamos a esto, porque este gobierno heredó una ley que contemplaba una tarifa social y también tenía 300 millones de pesos designados dentro del presupuesto nacional para poder reglamentar esa ley, y la respuesta del secretario de Deportes [Carlos Mac Allister] fue un tarifazo a los clubes que nos lleva al borde de un cierre de puertas", explica Cristian Font, dirigente de la Unión Nacional de Clubes de Barrio y del Club Deportivo Domínico, de Avellaneda. La ley a la que se refiere es la 27.098, sancionada en diciembre de 2014, propuesta por el diputado Edgardo Depetri y aplaudida por su par de entonces, el propio Mac Allister. Ella establece un régimen especial de promoción para clubes de barrio y de pueblo “con el fin de fortalecer su rol comunitario y social”.

Cuando el Estado estaba recontra ausente y parecía que se desintegraba, fuimos los clubes de barrio los que nos pusimos a la cabeza de las demandas de la sociedad, nos convertimos en clubes de trueque, en comedores sociales, y hasta les dimos hogar a los sin techo. Hoy no queremos aumentar la cuota porque es trasladarle el ajuste a la gente, a la que ya le aumentó la comida, la luz, el gas; muchos perdieron el trabajo. No podemos quitarles el club de barrio. Cristian Font, dirigente.

En su redacción intervinieron los mismos clubes, que la discutieron en cinco congresos nacionales, y contempla la informalidad en la que se encuentran muchos. Por eso prevé, en su artículo 8, que se organice una “unidad de asistencia” para ayudar a las entidades a “cumplimentar los requisitos necesarios” para inscribirse en el registro, y una prórroga de tres meses para regularizar su situación. Por ahora, nada de esto existe porque la ley está en su mayoría sin reglamentar y la Secretaría de Deportes comenzó a reglamentarla con un criterio discutible.

Esta ley fue pensada con un fuerte carácter social, y este secretario de Deportes, un funcionario 2.0 que está en su oficina con una computadora, nos pide requisitos como a sociedades anónimas. De 20 mil, solo 3.600 pudieron acceder a ese registro, y de ellos muy pocos pueden acceder a la tarifa social por la documentación que se les pide, como el número de CUIT, que solo lo tienen el 10% de los clubes”, agrega Font.

Además, el subsidio es, en rigor, un reintegro, por lo que primero hay que pagar, y después esperar a recibir. “En Santa Fe no hay muchos clubes que tengan internet o que tengan computadora. Pero, suponiendo que todos tuviéramos y nos pudiéramos anotar, ¿cómo harían para hacer llegar los subsidios en tiempo y en forma para poder pagar las tarifas? Porque, a este paso, cuando lleguen los subsidios al término del trámite burocrático, a lo mejor nos encontramos con que la luz ya la tenemos cortada”, se pregunta Néstor Raúl Bianchi, presidente de la Asociación Santafesina de Clubes y del Club Río Negro de Rosario. En Santa Fe las tarifas ya venían altas, pero a este club de 1.600 socios y 77 años de vida, con el último tarifazo la luz se le fue de 9 mil pesos... a 30 mil.

Por su parte, en la Patagonia, en invierno la mayoría de las actividades, deportivas o culturales, se practican, sin opción, bajo techo. Wilson Parada, dirigente de la Asociación Zona Norte de Hockey de Santa Cruz, que aúna entidades desde la cordillera al Atlántico, explica que, con casi mil deportistas federados y las inclemencias climáticas, “el indoor requiere iluminación y calefacción”. “Hoy nuestra idea es conformar un frente de discusión que nos permita hacer entender en todos los contextos (la Defensoría del Pueblo, los concejales, los diputados) que nuestros niños dependen de los servicios esenciales y los costos no los puede pagar el pueblo argentino”, afirma.

Club Rio Negro

“Cada mes perdido, es un club cerrado”

Hace pocos días, la jueza federal de San Martín Martina Forns dictó una cautelar en favor de seis clubes tradicionales de San Martín, Tres de Febrero y Villa Ballester, ya que consideró que las facturas de electricidad –que pasaron de 4 mil a 40 mil pesos– ponían "en grave riesgo su actividad comunitaria" y que hay que “resolver ya” su situación.

"Los anuncios del gobierno en cuanto a las tarifas sociales no han pasado de ser anuncios. Las partes no han recibido otra facturación ni ninguna otra comunicación", advirtió en declaraciones a Radio 10.

El tarifazo tampoco es sencillo de licuarse entre los socios. Por estatuto, muchos de los clubes no pueden volver a aumentar sus cuotas societarias. Por política, muchos no quieren. “Sufrimos la dictadura militar donde se cerraron muchos clubes. En la década del 90 nos instalaron el debate si sociedades anónimas o clubes sociales para todo el mundo, y perdimos cientos de sedes a manos de gimnasios o de capitales privados –recuerda Font–. Después sufrimos el 2001: cuando el Estado estaba recontra ausente y parecía que se desintegraba, fuimos los clubes de barrio los que nos pusimos a la cabeza de las demandas de la sociedad, nos convertimos en clubes de trueque, en comedores sociales, y hasta les dimos hogar a los sin techo. Hoy no queremos aumentar la cuota porque es trasladarle el ajuste a la gente, a la que ya le aumentó la comida, la luz, el gas; muchos perdieron el trabajo. No podemos quitarles el club de barrio. La solución sería que el secretario de Deportes tome conciencia y convoque a los clubes para reglamentar esta ley en serio. Cada mes perdido, es un club cerrado”.

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