Música para no olvidar

La ciencia descubre que el Alzheimer no puede con los recuerdos musicales y abre puertas y oídos a nuevos tratamientos para frenar la enfermedad.

Por Leticia Serrano para La Hilacha

¿Por qué enfermedades como el Alzheimer, que borran y aniquilan recuerdos tan profundos como los lazos familiares o los nombres de los seres queridos, no afectan la música que guarda nuestro cerebro? ¿Qué es lo que se oculta tan indestructible detrás de los sonidos?

La recuperación de recuerdos por medio de la música, además de un pensamiento romántico, es algo en lo que se puede avanzar con ayuda de terapias alternativas.

“Nuestro cerebro tiene muchas áreas encargadas de distintas cosas, áreas que cumplen diferentes funciones. No hay un lugar específico donde se guarda la memoria. Las memorias, dependiendo del tipo que sean, se guardan en distintas áreas del cerebro. Existen las memorias gustativas, declarativas, espaciales, todas ellas tienen lugares distintos dentro del cerebro –explica Fabricio Ballarini, biólogo, investigador del CONICET y miembro del Departamento de Memoria del Instituto de Biología Celular y Neurociencias de la Facultad de Medicina de la UBA–. Los procesos neurodegenerativos no actúan específicamente en un área, sino que matan neuronas indiscriminadamente en distintas regiones y hacen más foco en determinados lugares”.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa y progresiva que ocasiona muerte neuronal. Es decir que, a medida que avanza, destruye más neuronas. Las áreas que degenera la enfermedad están vinculadas a la memoria y a otras partes de la cognición. “En la mayoría de las regiones, las neuronas no se pueden regenerar, y a medida que va pasando el tiempo la patología aumenta. Las neuronas mueren en áreas específicas, por eso las fallas son casi siempre las mismas en los distintos pacientes. Lo que se descubrió y se sabe desde hace algunos años es que las memorias musicales no se guardan en las áreas que se degeneran, por lo tanto, estas son las menos afectadas por esta enfermedad. Es por eso que se pueden hacer terapias que estén vinculadas a lo musical en pacientes con Alzheimer”, agrega Ballarini.

El palo en la rueda del Alzheimer

Esteban Affre es musicoterapeuta. La musicoterapia estudia la manera de construir conocimiento desde el sonido. “El universo sonoro trasciende la musicalidad. La musicoterapia trabaja sobre la envoltura sonora del ser humano constituida por miles de formas de musicalidad, que tienen caracteres de discurso, que tienen un poder significante y que, sobre todo, tienen sentido”, sostiene.

Las memorias musicales no se guardan en las áreas que se degeneran, por lo tanto estas son las menos afectadas por esta enfermedad. Es por eso que se pueden hacer terapias que estén vinculadas a lo musical en pacientes con Alzheimer. Fabricio Ballarini, biólogo e investigador del CONICET-UBA.

La alternativa que propone Affre desde esta disciplina es la posibilidad de “generar despliegues expresivos, nuevas formas de decir” a través del sonido. “El conocimiento puede basarse en algo muy chiquitito visto desde afuera; por ejemplo, que alguien pueda marcar un pulso rítmico musical con el dedo o reconocer una canción. Esos son pequeños avances que hacen a la totalidad del tratamiento. Sostener ese pulso, generar un vínculo con el otro, reconocer, recordar el contexto o la historia detrás de esa canción, que el tiempo y el espacio tengan un significado, todo eso hace a la construcción del conocimiento”, destaca el especialista.
En patologías graves como la enfermedad de Alzheimer, estas manifestaciones artísticas abren nuevos canales de comunicación no verbal. “En pacientes con deterioro cognitivo, la musicoterapia funciona como un tratamiento paliativo. Lo que intenta hacer, mayormente con sesiones de escuchas, es que los pacientes puedan conectar con sus recuerdos a través de los sonidos –cuenta Affer–. Hay zonas que son estimuladas a conectarse, sobre todo recuerdos que tienen que ver con la niñez, la juventud, los recuerdos más viejos. Estos son los que se reflotan por medio de la música. Los recuerdos más nuevos suelen perderse o son de difícil acceso”.

Para recuperar esas memorias musicales, la musicoterapia practica la escucha activa de alguna música particular. “Los pacientes se conectan, se dan cuenta de que conocen eso que están escuchando, hacen una conexión entre el entorno del aquí y ahora y el del pasado. Este recuerdo musical es parte de esas huellas mnémicas asociadas a recuerdos a los que se les dio una connotación emocional”, relata el experto.

A partir de un vínculo entre terapeuta y paciente, la musicoterapia pone un palo en la rueda del Alzheimer al ralentizar los síntomas. “Se trata de suavizar el deterioro, de lograr que el avance sea lo más lento y leve posible”, subraya Affer.

Los melómanos sabemos que la música actúa como llave para abrir puertas que creíamos cerradas, como muro de contención de mareas bravas, como espada para pelear batallas que sabemos perdidas. Pero esta vez son los científicos, que de románticos tienen poco, quienes nos sugieren que la música también funciona, en la lógica incierta del cerebro humano, como una especie de milagro contra el olvido. Habrá que creerles.

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