Qunita en llamas

Que las quemen

Bonadio amagó toda la semana con quemar 60 mil cunas del Plan Qunita. En La Hilacha, nos pusimos a pensar si lo bancamos.

Por Daniela Iusem

Luego de una semana de repudios, juntadas de firmas y apoyos de organismos varios que fueron de la FADU hasta UNICEF, Claudio Bonadio –quien pasará a la historia como “el juez de la servilleta”, en la que Carlos Corach enumeró a los magistrados comprados por el menemismo– reculó. Y decidió que sea el Ministerio de Salud el que decida cuál será el destino de las Qunitas.

Esto se ha visto en las redes sociales, y en algunos pocos portales de noticias, como una conquista, una pequeña victoria del repudio popular. Pero “los progres” nos quedamos ahí, persiguiendo la agenda que nos imponen los medios hegemónicos, respondiendo provocaciones en una loable, bienintencionada y a veces improductiva defensa de conquistas sociales.
Y ya es hora de decirlo: que las quemen.

Qunita es una idea adoptada por países con una elevada calidad de vida, como Finlandia, y uno de los primeros planes que este gobierno dio de baja. Porque la forma de contratación fue corrupta, se dijo primero. Bueno. Si concluyeran que así fue y decidieran hacerla bien, licitando, contratando a los mejores y garantizando la continuidad del plan, que las quemen.

Si la construcción de las cunas era defectuosa y vale la pena denostar el trabajo realizado por todos los que participaron en el proyecto –incluido el del fallecido y joven diseñador Tiago Ares– para salvar a niñas y niños de un peligro, que las quemen.

Si van a mejorar el diseño porque los errores pueden ser cometidos hasta por los más idóneos, que las quemen.

Que se entienda: si la intención del gobierno es disminuir la mortalidad infantil y para eso tiene un plan mejor, que las quemen.
Si su intención es defender la integridad de las y los recién nacidos, y sobre todo de quienes nacen en condiciones de mayor vulnerabilidad, que las quemen.

Si van a fomentar de otra manera que sus mamás se hagan todos los controles, que las quemen.

Si tienen una mejor idea para evitar el colecho, que las quemen.

Si garantizan la continuidad y la mejora del plan, estaremos apoyando su medida.

Pero si no, el tufillo a provocación, intimidación, persecución y desprecio por los que menos tienen seguirá impregnando cada decisión que tomen sobre el tema. Un olor que no podrán disimular bajo el humo de la fogata.

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